Un día estábamos otros días no
estábamos pasado tal vez estaríamos ni lo sabíamos, tan acostumbrados estuvimos
esos días buscándola donde ella nos esperaba y ella seguro tan segura que
llegábamos un poquito más tarde un poquito más temprano que fuimos y vinimos
todas las veces que nos cantó las ganas hasta que un día no la encontramos,
fuimos y volvimos de ese punto del ingenio todas las veces que pudimos a esa
casa importante frente al club atlético casi llegando a los cañaverales detrás
donde después la pantalla donde íbamos, también invariablemente, todos
los veranos en patota como anduvimos como andábamos, a ese canal de regadío que
para nosotros era el natatorio gratis sin entradas, con uñas y dientes la defendimos mientras era toda
de nosotros cada centímetro de su piel rosada y suave toda nuestra de esa piel
que palpábamos en cada una de las visitas que le hicimos, mientras ella con
reciprocidad nos recibía sin palabras aprovechando los tiempos netos que había
para franelear un poquito y esperar al otro día de todos los días de ese año de
vaya a saber cuántos años porque entonces no contábamos el tiempo que pasaba
lento, a rajatabla la protegimos de
intromisiones de otras jaurías de pajeros del pueblo que de vez en
cuando revoloteaban por la esquina donde vivía al parecer por versiones que
recibían de los otros en ese pueblo chico infierno grande, estuvimos en cada
momento que nos necesitó mientras que nos esperaba como si fuera una madama preocupada
por sus clientes fijos y paganinis porque de vez en cuando nos acordábamos que
la tota trabajaba de mucama y entonces le llevábamos algunos regalos, blusas de
organza y de organdí faldas de poplin y vinchas con los colores de la tapa de
submarino amarillo que comprábamos en el gallego de la casa blanca que traía lo
que era el último grito de la moda, así la cuidábamos hasta el día que no la
encontramos, entonces nos dimos cuenta que si no era la casualidad nunca
sabríamos de ella, ni siquiera le preguntamos su apellido.

No comments:
Post a Comment