Por la plata bailaba como baila
el mono o las chicas en su caso que llegaban puntuales a las siete de cada
maldita tarde de cada bendito atardecer porque les daban dos horas para
arreglarse para revocarse chanceaban algunas las malas con las toneladas de
maquillaje de aros y de collares de fantasía que otras utilizaban para quedar
presentables y lograr que los tipos les admiraran las bellezas de sus rostros y
no les miraran solamente sus culos como hacían los pajeros y borrachos que eran
clientes, una carrada de hembras voluptuosas y merecedoras y además animadas
maduras y niñas de caderas marcadas y tetas duras y piernas firmes que todas
las noches se acicalaban para atraer a los clientes que llegaban en pedo y en
procesiones a gastarse el aguinaldo o la mitad de la quincena que no declaraban
en sus casas a mujeres mojigatas que no había formas de enfundarlas porque
siempre estaban cansadas de lidiar con las guaguas, un grupo seleccionado de
las chicas más lindas y comedidas que deambulaban haciéndose el día para poder
parar la olla en sus casas desconocidas como sus nombres que al entrar al antro
les cambiaban para que el nombre de fantasía no les arruinara en nombre de pila
o el nombre propio, cuando cumplió los dieciocho el flaco Marcial entró por la
puerta grande al mundillo donde más quería estar desde que cumplió los catorce
y debutó con bombos y platillos con la cama i bronce con indicaciones de su
padre a la mujer hembra del viejo que se la chupó y le enseño lo que era una
francesa en dos horas que lo tuvo con ella, el flaco estuvo en su gloria en esa
oportunidad el viejo zorro de su padre le dijo que lo comenzaba a dejar a cargo
del negocio de regenteo de las bataclanas que trabajaban con ellos desde que él
era pequeño, con ese grupo de madres multiplicadas que entre polvo y polvo lo
fueron cuidando a través de los años, en sus cabales estuvo cuando su padre
terminó de darle las instrucciones de cómo tenía que moverse con las minas y
cómo saber cuáles eran los momentos, exactamente, en que les tenía que aflojar
porque algunos días se cansaban de tanto garche y de cuándo tenía que ponerse
idiota con esas mujeres que les dejaban el cincuenta por ciento de todas sus
encamadas y de todos los tragos que los visitantes pagaban para manosearlas
antes de estar con ellas, en el cenit de sus pretensiones estuvo el flaco
Marcial cuando su padre le pasó el negocio y andaba por todos lados diciendo
que a rey muerto rey puesto.

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