Con una picana y la saña de las broncas acumuladas de tanto andar para nada cualquiera se vuelve eficiente cuando recibe la orden de apretar, el mayor comandante en quinta
línea del célebre operativo independencia que se llevaba adelante como
cuatrocientos kilómetros al sur este de donde estaba, lo primero que hizo
cuando entró al viejo destacamento fue dar la orden para bajar los cuadros con
las láminas infectadas de cucarachas y de huevos de cucarachas de los dos
agentes con el rango post mortem, de cabos muertos en cumplimiento del deber
según sendas leyendas inscriptas con Remington al pie de unas fotografías de
color sepia que tenían como treinta años, héroes emblemáticos e inspiradores de
muchos agentes primero y de cadetes después que pasaron por la comisaría esos
daguerrotipos eran el emblema del compromiso de los canas con el cumplimiento
del orden de muchos de los coyas y de los matacos que fluían en las cosechas
entre los surcos y los boliches de mala muerte que como rosarios con otras
casas y salones rodeaban la estación del ingenio, el mayor comandante hizo
desinfectar los espacios y los dos calabozos apestosos aunque esos los de las
fotos ellos no lo merecían en sus memorias, porque cuando había que oponerse le
habían puesto el pecho a los matones de una banda de estafadores que habían
empatado a mucha gente que se entregaron justamente con los dos infelices
masacrados a tiros con una calibre treinta y ocho como para que no jodieran,
como para que encima viniera un don nadie con rango de ayudante oreja y
chupamedias de la lucha contra la guerrilla y los borrara del mapa en esa comisaría
donde en otros tiempos se guardaba a bandidos peligrosos cuchicheaban los
subordinados que el jefe hacía esos líos porque en su casa era un dominado y un
cornudo, el mayor comandante en quinta línea del célebre operativo
independencia hizo que dejaran un escritorio nomás en los cuartos de recepción
como para que por turnos se sentaran los sumariantes para hacer con diligencias
los memorándum para enviar a los prisioneros a la cárcel de villa Gorriti, como
si fuera un mérito de un idiota haciendo averiguación de antecedentes de viejos
conocidos en el pueblo y haciéndose él mismo el eficiente.

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