De una de estar para no estar, de
golpe ser lo que se fuera para dejar de ser culpa de los cabrones que andaban
complotados y enojados contra todos culpa de las órdenes del ingeniero según lo
que contaban los muchachos chismosos culpa de los chupamedias que hacían lo que
el ingeniero les pedía así estuvieran sus madres o sus hermanos en el medio, ellos
pensaban que a la legiones de otarios que pedían por el fin de la explotación
del hombre por el hombre el fin de las injusticias de los que ganan más para
quienes ganan menos tenían que agradecerles ellos si se escapaban, que de todas
maneras no era posible la convivencia después de la elección, que se estaba de
un lado y del otro lado directamente no se estaba que si se estaba se estaba y
si no se estaba había que desaparecer, de pronto, trastabillando, enclenque y
temblando, a ciegas como si fuera por un túnel con oscuridad total el negro
corría todo lo que podía para ganar el cañaveral al fondo de la calle donde
estaba Fernando Primero, si lo agarraban quedaba como los otros en las manos de
ellos que no era ninguna garantía si se escapaba seguía dueño de sus destino, por
ahí habrá pensado que cuando llegara se libraba de los reflectores que en la
oscuridad dibujaban en el pizarrón de la noche haces marcados de luz amarillenta
o blanca linternas que de todas maneras no alumbraban en la dirección donde el
amigo corría, corría y se enredaba en sus oxford verde oliva que le pegaban con
la camisa al tono que le daban un toque de che incomodo con sus zapatos con
plataforma para que no lo agarraran los de la patota que juntaban gente a
mansalva con el tema de la averiguación de antecedentes, a ciegas como si fuera
por un túnel iba alcanzando ese mar verde de cañas de hojas con filos en el que
habrá sabido sus perseguidores no entrarían ni en pedo, se borraba el negro pero
que lo mismo se habrá ido convencido que esos como hacían siempre en un horas
después de la redada estarían mamándose y comiéndose un asadito satisfechos por
las ordenes cumplidas de andar persiguiendo compañeros de los colegios y el
sindicato, con la panza llena y el corazón contento por lo pronto que él mismo
de solo estar se habrá perdido.

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