Todos los curdas del ingenio le
debían un favor al turco Fuad más todas la mujeres de los curdas que además de
soñar cochinadas con él le agradecían que gracias a las bebidas que les fiaba
se los sacaban por un par de días de encima a esos borrachos cargosos que lo
único que sabían cuando se empinaban era fornicar quisieran ellas o no
quisieran, generoso se pasaba haciendo gauchadas que después terminaban en
instrucciones al contador para que pasara los pequeños quebrantos de unas
cuantas cuentas en libretitas de hule negro a los renglones de la pérdidas de
sus balances, todos le debían un favor así que cuando se lo tuvieron que hacer
se lo hicieron con creces aunque lo que le tenían que decir eran malas noticias,
no faltaron los comedidos que le trajeron novedades de su niña que había caído
con los del operativo independencia esos milicos que andan persiguiendo
guerrilleros por allá todo por culpa de un noviecito de la doncella que estaba
en el centro de estudiantes de ingeniería, no faltaron los atentos que
compungidos le vinieron con el cuento que no se preocupara que dentro de todo
la niña se encontraba bien porque uno de los tenientes la había agarrado para
minita así que si bien estaba en la cárcel donde había muchos por averiguación
de antecedentes que después los fusilaban a ella la cuidaban porque era la
hembrita del comandante, todos los curdas le debían u favor al Fuad y en esa
oportunidad se lo devolvieron contándole de esa niña que le había constado un
ojo de la cara criarla con buenas costumbres para que unos hijos de puta ahora
se la anduvieran echando encima, el turco enloqueció repartió la herencia
compró un arma y se fue para siempre del pueblo.

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