Reventar de un tiro a uno o a
varios guachos reventarse de un tiro, Don Fuad se dio tiempo para andar por la
sala del paisano amigo dueño del cine teatro donde era número puesto con butaca
reservada en la películas de la Sarli o de Sandrini para comunicarle de sus
decisiones de último momento, por el armería de los turcos compadres que
organizaban los safaris al chaco a perseguir vizcachas y corzuelas, por todos
los lugares donde no faltaba nunca, por la Sirio Libanesa donde disputaba lobas
todos los días desde la una media hasta las cinco de la tarde en punto y coqueaba
con los de la barra con los que también se jugaba unas bochas de vez en cuando,
en las vísperas el turco Fuad se encargó de dejar sus legados a los que correspondía
y entre ellos estaban los empleados leales de toda su vida que empezaron con su
padre en ramos generales y en otros lugares y quedaron también como legados
para el hijo esos mismos que manejaban parvas de mercadería en los depósitos y
en los camiones de reparto y no tocaban nada, paseó por los notarios y los
contadores, y les dio las instrucciones correspondientes con los honorarios
para que su hijas recibieran por partes iguales la fortuna que les dejaba así
ellas las pusieran en manos de los chupasangre de los maridos que tenían,
después de eso se perdió de un día para otro de los lugares habituales para
siempre, de estar no estuvo más y el mismo alcahuete que le vino con el cuento
que los milicos torturaban y vejaban a su hija más chica en la guarnición del
jardín de la república anduvo mucho tiempo diciendo que la última vez que lo
vio estaba enceguecido por vengarse por vengarla matando a los represores o
matándose porque ya de triste se había quedado como muerto.

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