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Tuesday, May 26, 2015

Pronto rima tarde.


En silencio competían las damas de rosa con las otras damas del pueblo porque al menos ellas se arremangaban cuando había que arremangarse y había que poner el tiempo y las cara y atender zafreros enfermos de malaria que caían al hospital del ingenio, vomitando y debilitados picados por los mosquitos allá donde levantaban cañas y janas en familia con las guaguas a cuesta transpirando la gota gorda y hediendo para ganar los jornales del día que les retaceaban torpes capataces de patrones dadivosos y coimeros, cuando había que estar y atender a los que morían más de los que se salvaban con las pócimas y los antibióticos que no alcanzaban para matar los parásitos invisibles que reventaban sin distinciones aunque los mediquitos se desesperaran haciendo sus pedidos a la administración del ingenio, esas cómodas no aparecían cuando había que explicarles a los parientes que se agolpaban en las guardias echando la culpa de los que se morían al ingeniero a satanás el familiar que en las noches andaba con la forma de un lobo que lo mismo se devoraba al que lo cruzaba si no estaba muerto por paludismo, ellas competían con la otras copetudas que por figurar caían a formar parte de sus comisiones directivas para levantar la mano por zonceras pero que no estaban cuando se las necesitaba y se armaban los despliegues que entraban más por los ojos que por lo que los paisanos veían en las calles o sabían de esas huestes de hombres con guardapolvos y mamelucos blancos que por las madrugadas salían a los surcos con mochilas cargadas de desinfectantes en los mismos turnos que los zafreros y volvían en las tardes al dispensario donde había médicos y enfermeros para atender emergencias, para nada colaboraban esas ociosas con esas caravanas de los camiones y camionetas de la antipalúdica, que justo estaba al frente del cine teatro y que eran muy parecidos a los camiones y a las camionetas que salían en las películas de la segunda guerra que se pasaban en los selectas y las matinés de los domingos o en las funciones nocturnas que iban de martes a domingos, nada sabían esas presuntuosas mujeres de los jefes que esos operativos muchas veces llegaban tarde a los lotes Florencia, Paulina o Prediliana, adonde los coyas y los matacos que venían para las cosechas algunas veces no llegaban ni a los botiquines a cargo de los chacareros como para que los médicos los aliviaran de churrateras y deshidrataciones, en silencio competían porque las otras estaban para las fotos que comenzaron a sacarse cuando disminuyeron los decesos por la acción de esas brigadas, que si hubieran llegado antes muchos hubieran sobrevivido.


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