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Wednesday, May 27, 2015

Cielos rima infiernos.



En los setenta después de veinte años de andar porfiando contra la polio y la malaria ayudando a que los coyas no se murieran de cagaderas en los lotes y en los caseríos más pobres del ingenio y en los púlpitos de las capillas adonde les rogaban a diosito y a todos los santos que intermediaran ante el altísimo para que las donaciones no se acabaran ni la generosidad de los patrones que las mandaban, ellas seguían haciendo caridades para los que menos tenían recogiendo de los que más tenían para los menos los trastos que les sobraban las monedas que recogían de chanchitos de adornos usados como alcancías que se rompían en los días de las fiestas patronales cuando ellas quedaban bien con dios y con el diablo, juntando para esos que no eran menos que al contrario se andaban reproduciendo como conejos porque no les llegaban ni los sermones ceremoniosos y parsimoniosos del cura Keyner, ni las prescripciones de los doctores que en el hospital se desesperaban por los presupuestos de los remedios que venían recortados en las planillas que pasaban por las oficinas de personal especialmente el doctorcito ese que lo molestaba al ingeniero cada vez que venía por sus recorridos para ver las atenciones que se les daba a los cosecheros y a los familiares de los jefes en las habitaciones habilitadas para eso, ellas las damas de rosa, en los setenta ellas seguían en Babia mientras ellos en habían comenzado con esas biabas que le daban a los que andaban en cosas raras como a esos de la guerrilla apátrida de acuerdo a las instrucciones que cada mañana llegaban al teletipo en lenguajes binarios que transcribían tipos capacitados que firmaban contratos de confidencialidad y que tenían para eso sueldos más altos que los de otros empleados y obreros que eran espiados por infiltrados de mamelucos como ellos o como los pitucos de camisas de hilos de colores suaves, ellas andaban en sus cielos mientras ellos entraban a sus infiernos.


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