Cursillistas fanáticos y
fanatizados enseñando a otros lo que les costaba aprender a ellos sobre
caridades y pontificados, banales elitistas apañados por los curitas del pueblo
apremiados por los que llegaban a quejarse que el ejército se estaba llevando
en camionetas y camiones de la empresa a sus seres queridos que no volvían que
tardaban en regresar de allá adonde se los llevaban mientras ellos miraban para
otro lado en sus oraciones por los tullidos y por los andrajosos, apóstoles de
apostolados incompletos que tenían que hacer algo más que ponerles ondas y
misericordias a todos esos líos, siervos de dios como ellos lo quisieran no
como él lo mandaba, coordinadores de los cursillos cursillistas cargosos y de
blasones dentro de las fábricas o del campo donde trabajaban, catequistas,
peregrinos del más por menos y laicos comprometidos y chupamedias de patrones
contritos lejos de la teología de la liberación de los zurdos alucinados, rescatando
las misericordias de primera mano, las bienaventuranzas, de pronto para esos se
acabaron los tiempos de las vacas falcas y las formas sus formas que tuvieron
de agradecerle al altísimo por tantas gracias recibidas cono autos nuevos
últimos modelos casas confortables buena ropa y buena comida que más pudieran
andar mendigando con tanta hogaza de pan multiplicado, por tanta abundancia
manifestándose, sus formas de trascender fueron hacerse ver de entre colores allá donde
rezaban y se confesaban todos los viernes a los atardeceres para comulgar con
la comunión de los domingos, reuniéndose en la parroquia los sábados después de
los almuerzos para predicar entre los pobres los que menos tienen para sus
resignaciones, y para oponerse a los focolares que como si fuera poco lo que
pasaba en el ingenio comenzaron a caer por todos lados y a predicar sus
estupideces evangélicas, eso sí que progresaba, como ellos, más si se comparaban
esos progresos con los retrocesos de los otros infelices perseguidos como los
montoneros que en los montes caían.

No comments:
Post a Comment