Cuando comenzaron las operaciones
el ingeniero le dijo a sus llegados que por un tiempo ni él ni los de su familia
aparecerían por el pueblo no fuera cosa que la chusma pedigüeña hiciera lo que
hacía siempre, eso de andar mangueando hasta el cansancio cuando ya se sabía
igual que los otros que los quejosos comenzarían a quejarse más de lo que se
quejaban siempre cuando pedían por más de lo que necesitaban a quejarse según
los mandamientos cuando se dieran cuenta que llegaban los dolores en serio, que
las tundas estaban cerca por andar haciendo política donde no correspondía
adoctrinando a campesinos inofensivos y a trabajadores ocupados como para andar
metiéndose en política, por no seguir sus consejos que no hay que cagar en el
mismo lugar donde se come, que no se muerde la mano del amo que da de comer y
etcétera y etcétera bocinaban, los chupamedias de los cursillistas que se
juntaban con las damas de rosa para hacer parte de su trabajo con la caridad y
con el evangelio, a dios rogando y con el mazo dando, el ingeniero les dejó con
el gringo instrucciones expresas parecidas a las del cura según las cuales
tenían que llevar consuelo y resignación en las horas difíciles pero calladitos
la boca con andar diciendo de dónde vienen los recursos o con qué plata se
hacían los operativos las operaciones, que vendrían para luchar contra la
guerrilla apátrida y violenta que está infiltrada en las fábricas y en el
campo, y en el sindicato de obreros y empleados, cuando comenzaron las
operaciones el ingeniero dijo que comenzaban a correr las horas de las
comunicaciones cifradas por el teletipo y los teléfonos cuidados en forma
permanente por los mismos empleados y obreros de las fábricas y del campo, que
por un tiempo ni él ni su parentela aparecerían para evitar dar respuestas a
las preguntas que no querían escuchar.

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