Distraída, consentida,
displicente, pura más inexperta, pisó el palito la princesita y no bien terminó
de pisarlo sin pensarlo demasiado se abrió de piernas sin alcanzar a sacarse
los calzones con el galán de todos los pretendientes posibles y quedó con la
cocina llena de humo, la semillita prendió de golpe, puso el grito en el cielo
el papá en medio de los efluvios de cerveza a primera hora de la tarde y un
tintito durante la cena que lo hacían poner el grito en el cielo más de la
cuenta por lo que la bruja por esos lo ponía muy seguido en cuarentena, lejos
de las resignaciones y los perdones el ogro se quejó todo lo que quiso entre
gritos y nerviosismos hasta que se le fue pasando, le llenaron el bombo le
gritaba a la mujer con vehemencia con la misma vehemencia que le ponía para
fornicar y putearla hasta dos veces por noche mientras los vástagos entre ellas
la ninfa hacían de las suyas, pisó el palito la infanta justo en la frontera
terminando el secundario lo que alcanzaba para que ese viejo que bufaba pero
que la quería con toda su alma dejara de renegar y le preparara manipulando a
la vieja los ajuares correspondiente para que el príncipe no se escapara
camuflando a la consorte porque perdiendo o ganando su niña tenía que sacar las
ventajas correspondientes del proyecto de vastaguito viajando con la cigüeña y
un pan bajo el brazo.

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