No hizo negocios el cachulo con
el cambio él era solo un niño y sus mayores lo sobrepasaron, de un día para el
otro se quedó sin sus chupetes de siliconas una masa amorfa y pegoteada de
media docena de símil de pezones con anillos de plásticos que iban de su boca a
sus manos pequeñas en las vigilias de noches enteras yugueando a la mamá como
para que se acordara en todo momento de su hijito más querido, de un día para
el otro se quedó sin su par de almohadas mullidas que lo curaban de los
desvelos cuando Blanca o Eufemia se jugaban el todo por el todo con los cuentos
de fantasmas y de duendes que merodeaban la espesura a metros del dormitorio, sin
acusar los golpes cálidos asestados por esas niñeras cansadas de sometimientos
disimulados inventando sombras del otro mundo solo a unos pasos en el patio de
casa con unos cuantos árboles frutales, de pronto se quedó sin sus pantuflas de
inviernos sin sus chinelas de los veranos, sin las camas tendidas y las sábanas
estiradas de tanto acomodarlas después de plancharlas y endurecerlas almidonándolas
con lejías, sin el confort de su cuarto de niño consentido, no hizo negocios el
cachulo con el cambio, de pronto se quedó sin sus diplomas de heredero de
riquezas a sueldos de pronto se quedó sin prerrogativas especiales sin los
mimos de las mujeres que lo cuidaban y sin los consentimientos de ese papá que
caía todos los días con un regalo diferente y sus discursos donde el cachulo
salía de estrella como sobresalía desde su nacimiento asistido con fórceps y parteras,
no hizo negocios porque cuando se enteraron que la joven princesa de su
consorte estaba bien en cinta encintada decretaron que ya no era niño y por lo
tano tenía que comenzar a vivir como adulto hasta que lo fuera.

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