Como un relojito andaban los
operativos de llevar pelotudos por averiguación de antecedentes a esos
desagradecidos de mierda que no valoraban lo que tenían y andaban como ese
médico del hospital del ingenio mezclado con los zurdos de porquería que
adoctrinaban en el sindicato y en las escuelas y en todos los lugares donde podían,
que primero con la antipalúdica que después con la polio y las cagaderas que
después con las vinchucas y el aguinaldo y el mes de vacaciones y el derecho a
huelga y todos los otros reclamos que les llenaban la cabeza, pedían y se
quejaban de todo, como un relojito andaban esos con sus redadas alzando
pelotuditos que se ponían a llorar y a llamar a su mamá cuando los apretaban
para que desembucharan y traicionaran a sus amigos, los patoteros comenzaron a
organizarse y a él el pastor lo desorganizaban después de haber andado años de
lidiar con las resignaciones de los parroquianos explicándoles que como se
enseñaba en la biblia los últimos serán los primeros y que al que tiene se le
quitará que no hay que perder las esperanzas que la justicia llega que aunque
tarde la justicia siempre llega y que con tesón y trabajo cada cual tendrá lo
que busca, y enseñando para nada eso como que al que no tiene se le dará aunque
no llegue en el momento y todo eso que no llegaba nunca a los infelices que se
mataban lomeando de sol a sol en los surcos o en las fábricas para que los
otros tuvieran sus productos que vendían a buen precio cuando a ellos les
pagaban dos pesos, el cura fue y volvió muchas veces de la administración del
ingenio haciendo saber que a él no le daba el cuero para andar calmando a tanta
gente aunque lo ayudaran las señoras de las damas de rosa o los cursillistas
que querían ser más papistas que el papa explicando que los de arriba estaban
ahí porque se mataban trabajando, menos después de años de andar diciéndole a
la gente que no hay que andar quejándose si se puede arrimar la comida de todos
los días a la familia que con eso tenían más que agradecer las misericordias
del señor y las benevolencias de los patrones que se aguantaban las cosas como
ellos se las aguantaban como para hacerse los desentendidos cuando se enteraban
que andaban borrachines en el trabajo que era sagrado, cualquier versión sobre
cualquiera quejándose de cualquier pelotudez de la empresa daba lugar a una orden
de mover el legajo de personal a la salita que le habilitaron a los espías y
con esos al cura lo embromaban porque los fieles se le ponían en la puerta de
la parroquia con preguntas para las que él no tenía ninguna respuesta, aunque
cada vez que él lograba que los infelices por fin entendieran lo que eran el
consuelo y la resignación los embromaba a los otros los patoteros.

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