Le cayó todo junto. todas las
malas noticias además de las ovejas descarriadas con las que se daba los
sábados a la tarde y en las misas de los domingos tacaños para las limosnas los
mismos que pretendían que el fuera generoso con las unciones las
extremaunciones los perdones y las bendiciones, o estaba demasiado viejo como
para andar cascarrabias aguantando las marchas y las contramarchas de los que
caían con los cuentos de las novedades que llegaban a la administración sobre
lo que tenían que hacer los jefes y los importantes con los zurdos con los resentidos
que llenaban de boludeces la cabeza de la gente y contaminaban los sindicatos, con
las noticias que venían de la administración detallando cómo juntaban los
legajos de los que iban señalando los soplones que por unos pocos mangos eran
capaces de entregar a la madre o a los hermanos, juntar los legajos separarlos
hacer copias de los que había que entregarles a los milicos para que ellos
armaran otros legajos más pesados donde los marcaban con colores según fueran
más o menos peligrosos los tira bombas que detectaban en las fábricas o en el
campo, las rachas y las contra rachas de los dueños generosos y mezquinos, que
las misas de ser en latín a ser invocadas en criollo más cerca del castellano
que entendían los fieles y los infieles los peregrinos que de todas maneras
vivían en sus torres de babel pero iban a la iglesia, de estar de espaldas a la
gente y de cara al púlpito acostumbrarse justo al revés de cara a la gente de
espaldas al púlpito, las noticias de los curas con ametralladoras, cataratas de
todo quilombo que colmó la calma del cura cuando por fin sintió que lo estaban
usando suciamente el ingeniero y toda la runfla toda la camarilla de
chupamedias que le rondaban a él patroncito reconocido y su parentela cada vez
que caía por el pueblo que en esas fechas era una vez cada quince días, mientras
iban y venían los genuflexos como las damas de rosa y los cursillistas mientras
los patoteros cerraban sus rondas acarreando infelices y también inocentes le
fue a contar a su amigo Giovanni el peluquero, todos metidos con los otros que
enarbolaban banderas imaginarias del pueblo con igualdades y libertades que
nunca llegaban, eran ellos los que azuzaban a los acomodados y a los morochos que tenían los que querían con
los asaditos lo fines de semana y partido de fútbol los domingos, esa resaca colmó
la calma del cura cuando se enteró que lo estaban usando de estropajos para
llevar consuelo a los que lo perdían irremediablemente, fortaleza a los
quebrados, resignaciones a los resignados, colmó su calma de tranquilo se
anquilosó de intranquilo, cansado de dar bendiciones al cohete.

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