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Saturday, May 30, 2015

Calmas rima almas.



Le cayó todo junto. todas las malas noticias además de las ovejas descarriadas con las que se daba los sábados a la tarde y en las misas de los domingos tacaños para las limosnas los mismos que pretendían que el fuera generoso con las unciones las extremaunciones los perdones y las bendiciones, o estaba demasiado viejo como para andar cascarrabias aguantando las marchas y las contramarchas de los que caían con los cuentos de las novedades que llegaban a la administración sobre lo que tenían que hacer los jefes y los importantes con los zurdos con los resentidos que llenaban de boludeces la cabeza de la gente y contaminaban los sindicatos, con las noticias que venían de la administración detallando cómo juntaban los legajos de los que iban señalando los soplones que por unos pocos mangos eran capaces de entregar a la madre o a los hermanos, juntar los legajos separarlos hacer copias de los que había que entregarles a los milicos para que ellos armaran otros legajos más pesados donde los marcaban con colores según fueran más o menos peligrosos los tira bombas que detectaban en las fábricas o en el campo, las rachas y las contra rachas de los dueños generosos y mezquinos, que las misas de ser en latín a ser invocadas en criollo más cerca del castellano que entendían los fieles y los infieles los peregrinos que de todas maneras vivían en sus torres de babel pero iban a la iglesia, de estar de espaldas a la gente y de cara al púlpito acostumbrarse justo al revés de cara a la gente de espaldas al púlpito, las noticias de los curas con ametralladoras, cataratas de todo quilombo que colmó la calma del cura cuando por fin sintió que lo estaban usando suciamente el ingeniero y toda la runfla toda la camarilla de chupamedias que le rondaban a él patroncito reconocido y su parentela cada vez que caía por el pueblo que en esas fechas era una vez cada quince días, mientras iban y venían los genuflexos como las damas de rosa y los cursillistas mientras los patoteros cerraban sus rondas acarreando infelices y también inocentes le fue a contar a su amigo Giovanni el peluquero, todos metidos con los otros que enarbolaban banderas imaginarias del pueblo con igualdades y libertades que nunca llegaban, eran ellos los que azuzaban a los acomodados y  a los morochos que tenían los que querían con los asaditos lo fines de semana y partido de fútbol los domingos, esa resaca colmó la calma del cura cuando se enteró que lo estaban usando de estropajos para llevar consuelo a los que lo perdían irremediablemente, fortaleza a los quebrados, resignaciones a los resignados, colmó su calma de tranquilo se anquilosó de intranquilo, cansado de dar bendiciones al cohete.

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