Es de pensar que la inmoralidad
de los moralistas de entre casa esos que tienen los relojes atrasados con el
tiempo de la historia y que insisten en moralinas amarillas y baratas que
siempre son de aplicación en los otros nunca en sí mismos es más peligrosa que
la moralidad de los presuntos inmorales calificados de eso porque se mueven
generalmente en las marginalidades, por supuesto que con las excepciones que
son aburridas y ciertas por supuesto que hay excepciones porque sin duda que
hay defensores de éticas duras tanto arriba como debajo de las escalas de las
estructuras sociales residuales crédulos mortales que pasan por la vida
esperando que alguna vez las disposiciones injustas en el planeta se terminen
ajustando a patrones de convivencia, mientras tanto es de pensar que la ética
tambaleante y endeble de los falsos apóstoles apóstatas que no muestran interés
en que los posicionamientos globales no cambien demasiado, que con eso arriman
agua a sus propios molinos, es más lesiva que la proclamada desintegración
ética de los que se moverán con códigos propios lineales directos pero con
códigos al fin que son más consolidados que los dispendios las admoniciones de
los que predican sin ejercitar las aplicaciones, y es peor porque los
desbarajustes que se arman por ello tienen costos inmensos para la sociedad
aunque no sean visibles en los plazos más cortos, es más lesiva la moralidad
superficial de los inmorales de alma que la inmoralidad superficial de los
morales de alma, estos no dictan normas ni crean instituciones para meterse con
los demás que apenas les dan el saludo, es peor la moralidad que parece formal
del informal que es un informal que la moralidad de los que parecen informales
pero luchan por ser formales es decir por preservar sus integridades éticas a
cambio de renuncias a los bienes materiales y a las guerras que son
distribuidoras de los ingresos y de la rentas.

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