Después de todo que
los que se arrogan las facultades o los atributos de jueces de la vida de
adalides con estandartes rigidizados con aprestos y escupidas de babas y
espumas de misoginias, pues bien que lo hagan que los sigan pregonando a esos
principios insustanciales en estrados de la políticas en palcos de
disertaciones vacías y vaciadas, que lo sigan haciendo que sigan nomás juzgando
prejuzgando pergeñando confabulando contra los próximos y los prójimos
indefensos debilitados percudidos de mala suerte, determinando sus insaculaciones
que creen que son las insaculaciones de los otros de los que no se meten porque
no tienen tiempos para sus cosas importantes como andar buscando el mango menos
para corregirlos a los incorregibles, y a sus corazas sépticas para ponerlas en
líquidos amnióticos que se conseguirían de sus propios meados como si fueran
ponzoñas que encima no los corrigen por falta de anticuerpos, pero lo que es
peor administrando escalas éticas y morales de los infelices ellos mismos llaman
inmorales si no tienen las morales estatuidas por ellos mismos en sesiones
fraudulentas y oscuras, transformados que los sufren a estos insufribles que
alguna vez enfrentarán las iracundias o las rebeldías de quienes tienen el rol
de quedarse callados y de entender lo que no se entiende, que pueden
tranquilamente hacer sonar el escarmiento a falsas burguesías a abolengo
inventados en la colonia, que ellos sigan con sus delirios después de todo los
que quedamos del otro lado de ese inmenso océano de indiferencia de desapego
por la condición humana, seguro es que tenemos lo que ellos no tienen, el día
después de la noche.

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