Celebrando la vida a todo trapo
con las canciones del club del clan y el nostálgico de palito cantando
changuito cañero y el pata pata de Miriam Makeba andaban iban y venían se
armaban las parejas se desarmaban se cruzaban y entonces los novios de unas
pasaban a serlo de otras como las novias níveas nimias puras todavía, entre
unos y otras entre unas y otros, yendo y viniendo por prediliana en camionetas
que les prestaban en el ingenio con el permiso de la tía gorda que le decían
era la mujer del capo, pasando por florencia por paulina cuando desviaban en el
uso de sus ventajas de hijos de capos del ingenio, de antología eran los
picnics con canastas y mantas bordadas que acomodaban las chicas más grandes
diversiones que se daban después de los asaltos de los fines de semana o de los
feriados o de los días de huelga que eran comunes entonces, cosas del grupo
mientras ellos también los más grandes hacían una picadita con la pelota del
cinco, de parabienes les venían a ellos esas paradas en el tajamar esa especie
de pileta de remanso de agua cristalina apretada por compuertas, de algarabías
eran los picnics para ellas y para ellos mientras mandaban y ordenaban a los
más chicos que peleaban con los mosquitos con espirales que dejaban por los
vértices de lugar por donde andaban que hacían los trabajos más rutinarios y
aburridos como instalar de ocasión el winco que andaba con la batería del
gordini juntar los cientos de docenas de ramitas para el fuego que luego
agrandaban los galanes para que los vieran las chicas que repartían los
sándwiches de jamón y queso que las madres protestonas pero buenas les habían
preparado, celebrando la vida como diversiones ellos y ellas despertaban tal
vez las envidias de los cosecheros que de a ratos pasaban a unos metros a internarse
a sus ámbitos al mar de los cañaverales donde trabajaban de sol a sol, estos al
contrario pasaban sudorosos y compungidos, contritos dolidos enjanadas las
manos de andar a machetazos.

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