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Saturday, May 02, 2015

Ellos rima ellas.



Como perros olfateando el fuerte olor de las perras en celo los muchachos merodeaban por el bajo noches enteras separando en sus bolsillos las chirolas que les dejaban a ellas la madamas que en las noches de crudos inviernos se amontonaban alrededor de braseros donde ardían los carbones que calentaban decenas de ambientes, las piezas los cuartuchos donde entraban ellos los muchachos con las chicas generosas, entre cuatro paredes como apretadas sin lugar para más que una cama de dos plazas y una mesa de luz sobre la que ellas ponían las chatas con las que luego los lavaban a ellos antes de ellas, adentro no tenían esas comodidades de calor de las pequeñas calderas pero tenían el calor abrasador de los mancebos que caían para meter manos por donde los dejaran y de acuerdo a la tarifas que pagaban porque las chicas más cansadas con el oficio tenían el horno que no estaba que no estaba para bollos, y entonces aunque solícitas preguntaban impostaban fríamente mientras se desvestían al papito sobre chupadas una francesa o la colita servicios que entraban en los precios variados de un catálogo aprendido de memoria en el medio de esos cuartuchos de luces de colores y mortecinas donde cada momento varias veces en la misma noche se revolcaban ellos con ellas varias veces, los muchachos rondaban el bajo cerca del río donde los cafiolos construían cuartos a mansalva para llenarse los bolsillos con el trabajo de esas mujeres que les hacían en mita y mita hasta que lograban entrar a tugurios importantes donde sacaban más entre lo que cobraban y las propinas, después a los finales como animales enfermos de celos convencidos que ellas también los tenían los muchachos volvían a sus casas entristecidos después de los apuros de esas chicas urgidas por ganarse el puchero o mantener a los críos de padres ausentes que no se identificaban después de tanto sexo por noche todas las benditas noches de los malditos inviernos inclementes.


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