Ni una cosa ni la otra ni lo que
vino de un papá cachador y displicente ni lo que vino de una mamá que hizo lo que le daba el cuero luchando
hasta donde pudo por encajar las piezas de ese rompecabezas tan complicado que
fue tolerarse por esos días llenos de emociones fuertes malas y buenas de
delirios y juegos y espacios abiertos como la placita de la esquina de la casa
para que los niños no escucharan esas discusiones donde se sacaban los pelos y los
ojos allá lejos donde nadie viera ni oyera, de donde ellos con las niñeras Eufemia
o con Blanca jugaban bajo la mirada inquisidora del placero que refunfuñaba
porque le rompían las bolas y los ligustrinos que podaba prolijamente y
maldecía a viva voz para que lo escucharan que la plazoleta se veía mejor sin
niños que en ocasiones él mismo perseguía a escobazos y con las rejas cerradas
con candados dobles y picaportes improvisados, andando por allá subiendo y
bajando muchas infinitas veces de los toboganes de tres tamaños que
significaban desafíos diferentes y vacíos que se sentían a la altura de los
ombligos como con los vaivenes en los columpios al caer por sus pendientes
subiendo y bajando de trancabalancas con goznes sin aceite que hacían darse
cuenta del tamaño de las piernas enclenques de los niños, ni lo uno ni lo otro
sin acuse de recibo sin el sayo correspondiente puesto de hasta dónde los niños
se portaban mal interrumpiendo conversaciones o copulaciones de ese papá
generoso y esa mamá que para hacer ver sus descontentos le cortaba los víveres
que el viejo ya sabía y se borraba de sus obligaciones más importantes que
seguro que también sabía y bien dónde estaban que no eran las obligaciones de
Eufemia o de Blanca que estaban para cuidarlos para hacer la comida las
limpiezas en casa y los mandados y las lavadas y los planchados, ni lo uno ni
lo otro alguna cosa subida de tono harían los niños lejos de las travesuras de
todos los días de cada momento, algunos pecaditos veniales que había que
contarle al cura en la parroquia del ingenio que con unos cuantos padrenuestros
y unos cuantos avemarías aliviaba de las cargas de ir sabiendo por las dudas
sin poder cantarlo de una buena vez que siempre en los líos hay una parte propia
y una parte de los demás, cagadas en duplas o duplas de mierda.

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