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Sunday, April 26, 2015

Culpa rima dupla.



Ni una cosa ni la otra ni lo que vino de un papá cachador y displicente ni lo que vino de una mamá  que hizo lo que le daba el cuero luchando hasta donde pudo por encajar las piezas de ese rompecabezas tan complicado que fue tolerarse por esos días llenos de emociones fuertes malas y buenas de delirios y juegos y espacios abiertos como la placita de la esquina de la casa para que los niños no escucharan esas discusiones donde se sacaban los pelos y los ojos allá lejos donde nadie viera ni oyera, de donde ellos con las niñeras Eufemia o con Blanca jugaban bajo la mirada inquisidora del placero que refunfuñaba porque le rompían las bolas y los ligustrinos que podaba prolijamente y maldecía a viva voz para que lo escucharan que la plazoleta se veía mejor sin niños que en ocasiones él mismo perseguía a escobazos y con las rejas cerradas con candados dobles y picaportes improvisados, andando por allá subiendo y bajando muchas infinitas veces de los toboganes de tres tamaños que significaban desafíos diferentes y vacíos que se sentían a la altura de los ombligos como con los vaivenes en los columpios al caer por sus pendientes subiendo y bajando de trancabalancas con goznes sin aceite que hacían darse cuenta del tamaño de las piernas enclenques de los niños, ni lo uno ni lo otro sin acuse de recibo sin el sayo correspondiente puesto de hasta dónde los niños se portaban mal interrumpiendo conversaciones o copulaciones de ese papá generoso y esa mamá que para hacer ver sus descontentos le cortaba los víveres que el viejo ya sabía y se borraba de sus obligaciones más importantes que seguro que también sabía y bien dónde estaban que no eran las obligaciones de Eufemia o de Blanca que estaban para cuidarlos para hacer la comida las limpiezas en casa y los mandados y las lavadas y los planchados, ni lo uno ni lo otro alguna cosa subida de tono harían los niños lejos de las travesuras de todos los días de cada momento, algunos pecaditos veniales que había que contarle al cura en la parroquia del ingenio que con unos cuantos padrenuestros y unos cuantos avemarías aliviaba de las cargas de ir sabiendo por las dudas sin poder cantarlo de una buena vez que siempre en los líos hay una parte propia y una parte de los demás, cagadas en duplas o duplas de mierda.


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