Después de todo hermano no fueron
malas esas siestas aprendiendo los evangelios aprendiendo a medias por las
rabonas que nos hacíamos sin que se dieran cuenta esos profetas de civil que nos aguantaban y las faltas de atención que poníamos para escuchar las peroratas de
esos pastores comedidos diciéndonos que debíamos purificarnos para estar con el
señor todo el tiempo, después de todo no fueron malos esos momentos de esos momentos de
catolicismo escuchando las historias los sermones y las bienaventuranzas, que
nos pasamos haciendo carreras por toda la manzana empezando y terminando en el
punto donde estaba la entrada al salón de la parroquia en la calle paulina subiendo
por la avenida donde se encontraba la entrada principal a la iglesia y dando
vuelta por la esquina del almacén grande donde colocaban los afiches de las
películas que comenzaban a pasar los miércoles a la noche hasta la última
función de los domingos que terminaba como a las doce de la noche una hora reservada a los mayores porque los niños a esa hora debían dormir para estar despejados para la escuela al otro día, esos afiches
que estaban un poco altos para nosotros para alcanzarlos con nuestra manos pero
que de todas maneras de un salto los tocábamos y los ajábamos con nuestra
manos y las uñas que a veces teníamos muy largas, después de todo no fueron
malas esas medias tardes cuando nos convidaban esos mates cocidos con esos
bollos esponjosos con chicharrones que nos hacían que volviéramos a las clases
de esos sufridos predicadores que nos clasificaban los pecados de veniales y
mortales y a los que no entendíamos demasiado porque nuestros pecados eran un
manojo de travesuras que no entraban en esas clasificaciones, pero que un día
entendimos cuando la mamá de uno de nosotros se enredó en amoríos con otros de
los amigos del grupo un quilombo de órdago de fricciones que dejaron un tendal
de tristezas, una mujer grande con una criatura dijeron las viejas chismosas de
las damas de rosa en medio del escándalo, ahí sí entendimos que esos habían
pecado muy fiero porque el curita Keyner estuvo enojado con ellos más de tres
meses.

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