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Wednesday, April 15, 2015

Bullicios rima recogimientos.



Muchos eran los cincuenta niños entre los siete y los doce años que llenaban de gritos y de inquietudes el salón contiguo a la parroquia los sábados a la tarde que eran los días que el alemán del cura Keyner no conciliaba el sueño y entonces se paseaba refunfuñando por los pasillos de los patios internos mientras los catequistas trataban de controlar las algarabías y los amontonamientos de los niños que más que aprender el catecismo venían a jugar y a pedir sus raciones del mate cocido con la tortilla de grasa que repartían como a las cinco de la tarde, mucho barullo y pocas ganas de entrar en las meditaciones tranquilas del génesis o los romanos que platicaban los entendidos con las biblias en las manos explicando por qué el cura rezaba en latín los domingos y qué significaban esas palabras que nadie entendía que se decían en algunos momentos de la misa donde solamente se le veía la espalda al sacerdote hincado frente a los altares, iba y venía el alemán por esos pasillos con las manos atrás como sujetando su sotana negra y larga y un rosario de madera de roble que le habían traído unos hacheros del chaco que vinieron con sus niños y la banda de música infantil en las últimas fiestas patronales, parecía que rezaba sus padrenuestros y avemarías y sus glorias pero era cuando más espiaba para ver si se cumplían sus indicaciones y se traían más niños a las comuniones y confirmaciones, muchos eran los niños y a lo mejor no lo dejaban ni siquiera dar sus oraciones tranquilo al curita que se paseaba como impaciente y de a ratos se asomaba por las banderolas del salón para mirar cómo las llevaban sus pastores con los nuevos fieles enseñándole los pecados veniales y mortales y la importancia de contar todos los detalles en el confesionario que era donde él se enteraba de los chismes del pueblo para corregir los que pudiera o pedir ayuda a los capos del ingenio cuando se trataba de asuntos que estaban lejos de sus alcances, muchos eran los cincuenta niños pero muchos también los que había puesto para contar de los evangelios aunque los pequeños no escucharan, muchos los ruidos cuando jugaban antes de los recogimientos que se pedían cuando comenzaban los rezos de los finales, ahí sí todos los niños se callaban, tal vez buscando de distinguir entre sus últimos pecados cuáles los dejaban en el paraíso cuáles pecados los llevaban a las puertas de los mismos infiernos.


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