Pages

Monday, April 13, 2015

Catecismos rima rabonas.



Por ahí sentíamos algo de miedos o tal vez temores y comprendimos que una docena de padre nuestro y otros tantos avemarías nos devolverían de nuevo con los otros hermanos pero nada más ni la hora le dábamos a los maestros en catecismo, fueron esas tardes del sesenta y cinco tal vez del sesenta y cuatro hermano tal vez del sesenta y siete hermano de sangre y del alma cuando nos escapábamos en esos momentos de los sábados temprano de los catequistas que eran viejos y estaban somnolientos con la digestión a medias tal vez a regañadientes porque en el pueblo a esa hora todos dormían sus siestas tal vez enmarañados con sus distracciones y tristezas, cuando nos hacíamos la rabona en el medio de lo que nos querían enseñar en el salón grande de la parroquia, esos predicadores que bostezaban y disimulaban eructos evidentes tal vez porque venían de comilonas de pucheros tal vez de anchis o guisos pastosos tal vez parecidos a los que nosotros comíamos hermano con cara de querer comer otros platos, escapando de esos mismos que se las pasaban leyendo pedacitos decían que del génesis decían que del apocalipsis dando y temando con eso, de esos libros que ni sabíamos ni queríamos saber para que nos servirían, esos que hacían lo que podían para explicarnos eso que no nos interesaba porque teníamos los ánimos puestos en buscar a los changos para internarnos a algunas de las aventuras que encarábamos cuando teníamos un pizca del tiempo libre y para nosotros en las modorras de las primeras horas de las tardes que nos dejaban esos padres guardabosques como fueron los nuestros, fueron esas tardes del sesenta y cinco tal vez del sesenta y cuatro hermano tal vez que aprovechábamos una de las dos horas que nos pasábamos por ahí cerca de las escaleras que llevaban al campanario para nosotros sin que nadie nos dijera nada, rajándonos de los discursos de buena voluntad tal vez que daban esos pastores a los cien niños que éramos por eso tal vez no se daban ni cuenta de la ausencia salvo a los comienzos o a los finales cuando tomaban lista, sí nos dimos un día tal vez del sesenta y siete hermano de sangre y del alma enfundado en esos trajes impecables blancos y elegantes que nos puso nuestra madre con brazaletes y zapatos blancos como quedamos inmóviles para la posteridad en esa foto que está toda ajada y amarilla por ahora con cara de ángeles que no podríamos haber sido los mismos que nos escapábamos, fueron esas tardes cuando caímos en la cuenta de los pecados que había que contar al reverendo completos decirle cuanto faltábamos para venir después a comulgar como si hubiéramos expiado nuestros pecados.


No comments:

Post a Comment