Dos caras de una misma moneda las
señoras de los jefes de las fábricas todos los años para la misma época salían
a contemporizar con las otras damas y los monaguillos voluntarios recogiendo lo
que los parroquianos donaban para dar a los que menos tenían, parvas de
mercaderías y de ropa que además venían de las donaciones de la empresa y de
los bancos que trabajaban con la empresa y de las otras empresas que eran
contratistas de la empresa, era la forma de estas damas de colaborar con su
maridos que daban órdenes y las hacían cumplir dentro de las oficinas y de las
fábricas con caras de pocos amigos y castigaban por ahí a los jefes de las
familias a las que ellas llevaban sus donaciones, por lo menos ellas llegaban
por unos días con leche en polvo para los críos y con bolsas de harinas para
bollos y las tortas fritas para los más grandecitos, miel de abejas y tarros de
dulce de leche, arroz y fideos en paquetes y ropa de marca percudida y usada, cada
año para la misma época las damas de rosa organizaban sus campañas de caridad
con el único cura de la única parroquia del ingenio metían sus indulgencias en
medio de la novenas que rezaban a la virgencita del rosario y a san roque como
una forma de llamar a la caridad de todos sin diferencias de nada porque además
de habilitar los salones del club recreativo para acomodar las mercaderías que
recibían para repartir después en camiones que recorrían el pueblo y los lotes,
sus lemas sus frases sus señales eran que poco o mucho eran mucho y que no
había que andar mirando si un cristiano podía dar poco o mucho que con poco era
más suficiente o mucho directamente, que a caballo regalado no se le andan
mirando los dientes, cada año para la misma época durante las mañanas y las
tardes se calzaban sus casacas de poliéster con motivos de cuadros rosas y
blancos con grandes bolsillos y puntillas de adornos bordadas, y se intercambiaban
las tareas de manguear por cuanto lugar determinaran que se podía juntar un
peso o mercadería perecedera o no porque tenían organizadas entregas diarias y
entregas programadas, dos caras de una misma moneda porque las misericordias
les duraban una semana y a la semana siguiente ya estaban de nuevo con sus
timbas en el club social noche a noche, ahí se jugaban sus fortunas, peso a
peso sus propias fortunas la otra cara de sus propias monedas que no contaban
al cura en el confesionario.

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