Bienaventurados los que no tienen
porque esos entrarán en los reinos dichosos los desposeídos porque ellos
poseerán, un plato de comida agua potable un inodoro para cagar y no andar
embarrándose el culo y los zapatos en un pozo ciego cuando se caga en épocas de
lluvia, si hay que se note que se haga ruidos con bombos y platillos que todos
se enteren hasta las damas de rosa que hay parroquianos generosos que ayudan
trayendo cosas para las quermeses y llevar a los lotes en carradas de
mercaderías a los matacos, y si no hay que no se note que no anden pidiendo por
las calles que avise urgente al administrador para ver qué es lo que le está pasando
al cristiano o ver de sacarlo del pueblo porque son como la manzana podrida que
en el cajón termina pudriendo a las otras, eran instrucciones precisas las que
le dieron al curita con los mendicantes que se amontonaran en la puerta de la
parroquia eran las órdenes precisas que le habían dado en el ingenio, donde no
había pobres o al menos no se notaban o no tenían que notarse cuando los grados
de borracheras de los que fueran la cabeza de familias que eran los mismos que
entraban a la fábricas en los turnos, cuando esos grados fueran altos o
incontrolables y comenzaran a ponerse como ovejas descarriadas, ahí eran
necesarias sus intervenciones para llevar alivio a los descarriados o a sus
familias desconsoladas, cómo habría de haberlos si la empresa se encarga de
todo como Jesús de sus ovejas, el curita sabía que eran las mismas ovejas que en
algún momento comenzaban a ausentarse de sus misas de los sacramentos que él
daba de sus consejos de sus diatribas pero que antes o después volvían cuando
los primeros síntomas de los dramas que todos pasan aporque no se confesaban y
menos se comulgaban aparecían desesperando a los peregrinos que andaban
perdidos, esos eran los mismos que desaparecían por la casa de su grey, entre los
treinta y los cuarenta se esfumaban entonces les quedaban los viejos y los
niños que obligados venían por sus catecismos y las meriendas que se daban más
que otros días los sábados a las tardes, bienaventurados los obedientes porque
ellos tendrán sus recompensas que no tienen que andar cagando en el mismo lugar
donde comen o cortando las manos del que les da de comer les explicaba el
curita cuando le reclamaban que los explotaban, los ministerios se le hacían
difíciles al cura cuando tenía que lidiar por interpósitas personas con los
pecadores que no le aparecían en la iglesia, antes que todo se le pusiera peor
cuando le dijeron que ahora andaban los zurdos queriendo hacer la revolución y
que a esos que sí había que reprenderlos o cerrarles las puertas porque esos de
verdad eran ovejas descarriadas y con ellos ni misericordia.

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