Apenas comenzaron con los filtreos
el negro logró que la flaca le abriera las piernas así que para allá encaró con
todas sus energías y calenturas que también la urgían a ella y entonces en
rincón que encontraban copulaban como desesperados como si fuera la última vez,
la vida antes de la muerte, el negro transpiraba pujando entre faldas y enaguas
hasta que llegaba a esas zonas húmedas que tanto quería tocar con sus manos
finas y alargadas, y ella se afanaba con braguetas de botones o con cierres
como venían entonces los wrangler que pegaban a la moda con las flechas blancas
y las camisas de grafa que el negro se había comprado con sus ahorros para
andar con la onda del che, apenas unas tres tipo casacas militares con
charreteras que le daban respiro como para usarlas todo el día y encima guardar
alguna presentable para las noches de boliches que salvo los lunes y martes
eran todos en Catriel, no era necesario que él anduviera persiguiéndola a la
flaca, ella misma lo metía en cuanta rendija entraban para comenzar con las
manos y los refriegues hasta que terminaban extenuados, extenuaciones que les llevaban
unos minutos entre los demás en las tertulias de murmuraciones y cruces para
enganchar las chicas a los muchachos y los muchachos a las chicas, unos minutos
no más y luego volvían a pasear oteando sus horizontes de rincones o lugares solitarios
para hacerlo como viniera la mano, de parados de sentados o acomodados encima
de cartones limpios con los que improvisaban lechos matrimoniales de primera,
el negro se apresuraba y en los intervalos le decía a la flaca que los milicos
lo andaban siguiendo que estaba seguro que lo habían entregado, que él quería
que quedara gruesa y le preguntaba que qué pasaba que muchas chicas se habían quedado
panzonas de una y ella con tantas veces que lo hacían, por sí le pasaba algo quería
tener un vástago que fuera como él o como ella el negro se entusiasmaba, apenas
comenzaron con los filtreos el negro logró que la flaca le abriera las piernas
pero no les alcanzaron el tiempo o los espermas o la madurez de los óvulos para
que la flaca quedara encinta, por eso la noche que el negro se escapaba entre
matorrales y estrellas de la muerte a la vida un par de lágrimas humedecieron sus ojos seguro que no
la vería más, y que el negrito que no fue no había sido posible.

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