Los años son y pasan para todos aunque a veces no se lleven bien las
cuentas, así se esté acurrucado sentado en un sillón en casa así se ande
paseando, y por ahí corrió Juan Sebastián sin que se le agotaran todas las
energías de los casi dos años que tiene, pura pelota pura frases puros
discursos ininteligibles borbotones de sonidos que se juntan en sus boca
pequeña incompleta todavía de dientes blancos y nuevos, con palabras que no se entendieron
que no se entienden porque se entienden mejor sus señas su dedo índice que
apunta para donde quiere o cuando tironea las mangas o las muñecas para pedir lo
que quiere o necesita, y por ahí corrió en su escala varias veces reducida,
varias veces infinita, varias veces empequeñecida por las alturas deslumbrantes
de los rascacielos de Puerto Madero el barrio lujoso que hicieron sobre
antiguas y viejas barracas de depósitos de granos y casas de cucarachas y de ratas,
ese mismo barrio donde antes no iba nadie ni siquiera los fantasmas que
anduvieron asustando por otros lado de la ciudad de la furia, por lo ordinario tal
vez por los sucio tal vez, y que ahora está atestado de conchetos y caretas que
pasean con sus esnobismos y sus aires de nobles inventados más todos los demás vecinos
o parroquianos que rondan por paisajes deslumbrantes y desestresantes los
carritos de choripanes y patys, por ahí corrió Juan Sebastián detrás de una
pelota de a ratos entronizado en la bicicleta de Juan Cruz el niño que es padre
del niño, o rodando encima del longboard de Mario Raúl de Marito el niño que es
tío del niño, que cuando ese pequeño lo dejó respirar bajó con zigzagueos la
pendiente, volando peligrosamente por la bajada pronunciada por la que algunos
pasaron hasta la calle desde la mitad de la plaza, y por ahí corría o andaba
montado en la bicicleta rodado veintiséis o en la tabla con rulemanes flojos,
mientras el abuelo se cargaba las morisquetas mientras se refregaba las piernas
para que los calambres, más de los años que de las circulaciones, no molestaran,
por ahí anduvo uniendo las líneas del tiempo, que van de él hasta su crujiente
abuelo, pasando por su papá por su mamá o por su tío.

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