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Tuesday, March 24, 2015

Tristezas rima alegrías.


Los sauces llorones que en fila iban de un lado a otro en la pantalla parecían gendarmes vigilantes del canal que nos servía a nosotros de refrescante fuente de agua marrón y fría en los sofocantes veranos, colgados en sus ramas largas y flexibles nos bamboleábamos y nos tirábamos al agua que lento corría siguiendo una bajada que apenas se notaba o no quedábamos bajos sus sombras a comer lo que llevábamos, los sauces llorones tiraban su follajes también hacia la misma fuente como si fueran docenas de brazos que quisieran o pudieran alcanzarla, ahí estaban, verdes de copas tupidas de hojas que no aflojaban ni siquiera en los inviernos, cada una de las infinitas veces que fuimos a divertirnos o a descargar las broncas las veces que nos retaban los mayores por alguna cosa los padres o los vecinos que no nos aguantaban especialmente los gritos las malas ideas como tocar los timbres en las casas y disparar para que no nos pillaran, en las siestas sagradas de los fuertes veranos que anduvimos, los sauces llorones estaban al costado de ese canal que desembocaba en otros que transversales entraban por los surcos regando las cañas de azúcar que también, como si fueran cientos de miles de soldados verdes de hojas largas y janas de esa caña dulce que chupábamos también con entusiasmo o desgano, necesitaban de esa agua para crecer con fuerza y estar lista para que la recogieran los hombres y las llevaran a las fábricas, los sauces llorones que en fila fueran de un lado a otro en la pantalla parecían cumpas de nosotros puros compadres que nos esperaban siempre hasta el día que no fuimos más, mientras estuvieron ahí estaban así fuéramos a reírnos o a llorar nuestras cuitas, aunque parecían más tristes que nosotros nunca alcanzaban el agua.




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