Pages

Wednesday, March 25, 2015

Ausencias rima presencias.



Igual que el blanco coche motor que llegaba indefectiblemente todos los jueves y los domingos a las cinco de la tarde a la estación del pueblo, igual que esa mole imponente que conocimos con el grupo de la casa de piedra de un día para otro y que corriendo a la par acompañábamos unos metros por las banquinas de tierra del costado de la vía desde justo el lugar donde disminuía la velocidad llegando a la estación donde tenía que pasar sin novedades los cambios y las señas de los hombres para no toparse con las locomotoras que movían la carga del ingenio, igual que ese montón impresionante de fierros y de chapas prolijamente terminado con pintura blanca y unas letras grandes que se veían desde lejos FA, que apareció un día y nos deslumbró y que desesperados con el corazón latiendo más de lo normal esperábamos esos días aunque se atrasara, cuando llegaba estábamos, ahí, porque era deslumbrante para nosotros porque decenas de personas subían para salir de nuevo a las siete de la tarde de vuelta a los lugares de donde venía, y docenas también de vendedores gritaban en los andenes ofreciendo sus productos y todos parecía una feria una quermese donde nadie tenía más preocupaciones que comprar unos pochoclos unas manzanas con caramelo o chirimbolos para llevar a los parientes, igual que esa máquina que bajaba indefectiblemente todos esos días para llevarse viajeros que adónde habrán ido cargados de valijas o baúles que hacían refunfuñar a los guardas bigotudos que se quejaban diciendo que ellos no estaban para esos menesteres de andar acomodando todas las porquerías que la gente subía a la formación, descomedidos que se abusaban pensando que los empleados estaban para eso, igual que ese coche motor hermoso inalcanzable al que nunca nos subimos porque nunca viajamos, y que era nuestra alegría y nos llenaba de emociones, o por lo menos lo hizo hasta el día que algo paso que se interrumpieron los servicios y no vino más y no corrimos más esperándolo y los cambistas pasaron a las oficinas a redactar cartas de porte para los trenes de carga, igual fue ella para nosotros, la rubia que era la hija de uno de los maquinistas, la descubrimos como a la máquina aquella en los alrededores de la estación de pronto un día cualquiera y nos deslumbró a todos que corríamos desde dónde estuviéramos a los lugares donde la contemplábamos, y por mucho tiempo fuimos y vinimos de las inmediaciones donde la veíamos de lejos espantados a que su madre se diera cuenta de nuestras intenciones de hablarle, igual que el coche motor la seguimos mucho tiempo, hasta que un día, de un día para otro no estuvo más, alguien nos dijo que a su padre le habían dado otro destino, tal vez donde el coche motor funcionaba.



No comments:

Post a Comment