Y sí los dichos populares que
circulan sin cambios en sus construcciones originales resisten el tiempo y sus
inclemencias y van sirviendo para ver que no somos ni tan geniales ni tan
creativos como creemos que somos, uno de los conocidos se resume en el que roba
a ladrón tiene cien años de perdón, que constituye una tautología imperdible si
se pueden establecer en las calibraciones los términos y los contextos en los
que se coloca el texto, porque en todo caso las primeras preguntas de las conceptualizaciones
remiten el que roba qué a quién y en qué circunstancias, porque en
estructuras residuales como la nuestra, generalmente el rico roba al rico y
el pobre roba al pobre así que si el pobre o el rico no son ladrones la
tautología se desmorona, en la otra punta de este ovillo está el qué y en las
variedades de qué que se abren, están las diferenciaciones que hay un
patrimonio social original que es incuestionables y que, por las trampas que
los sujetos inventan con sus constituciones y leyes, ese patrimonios social se
convierte paulatinamente en patrimonio privado de las más variadas formas de
acuerdo a las maneras con las que juguemos lo tome y traiga que jugamos cuando
intercambiamos el único patrimonio propio e irreversible que poseemos, el de la
vida, y acá es donde se entre de lleno en esta cuestiones en los ciclos de los
sentimientos morales por decirlo de la forma en que lo hubiera dicho el propio
Smith, porque si lo que se roba es aquello que alguien se apropio por encima de
lo que fueron sus posibilidades de acuerdo a lo que entregó es sí tendrá cien
años de perdón, porque en realidad no se trata de un robo sino de una
restitución compulsiva porque lo que uno toma de más es porque otro dejó de
tomarlo, aunque para explicar esto la doctrina del liberalismo haya inventado también
cien explicaciones, si hubiera buena distribución de los ingresos no habría
robo o delito es un poco el resumen de otra frase del acervo popular, lo mismo
que con la corrupción que generalmente se adjudica a quienes circulan por los
sectores públicos cuando es un flagelo muy arraigado entre los más selecto de
la delincuencia entrajetada de la rancia textual aristocracia de las sociedad
residual que padecemos, si no se entiende esto y la corrupción no se corta
desde la raíz la corrupción resistirá el tiempo y las inclemencia, como las
cucarachas, igual que el que roba al que sea.

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