En sus juegos siempre se metieron
con pasados que nunca les pertenecieron ni les pertenecerían, el tiempo pasa
inexorablemente para cualquiera aunque algunos tengan carretillas de dinero que
permiten prolongarlo todo lo que pueden los médicos adobados en fortunas por
honorarios por las que tienen comodidades para pasear y olvidarse que para
ellos también el tiempo pasa, en sus juegos siempre entraron a esas luchas del
lejano oeste de un oeste que no era el propio porque para ellos los vaqueros
andaban más bien en el centro de la pampa que en el oeste de los gringos que
veían en producciones de la goldwyn mayer que empezaban cuando terminaban
sucesos argentinos, en sus juegos siempre entraban disfrazados a pasados
extraños que no entendían mucho más que los argumentos de esas largas
producciones que les servían para los pochoclos y las manzanas con caramelos, en
sus juegos siempre entraron en futuros imposibles por lo lejanos de espionajes
y contraespionajes que ponían en riesgo las coronas de reyes que no se tuvieron
o potencias que no eran propias, siempre se metieron en futuros que no les
pertenecieron ni les pertenecerían porque terminaban en los umbrales del cine
teatro apenas se encendían las luces después de las películas largo metraje, en
esas historias de bandidos internacionales mujeres ampulosas y trajes caros que
los hacían soñar que solo se vive dos veces, por allá se metieron en esos
pasados y futuros insípidos que los dejaron una y otra vez fuera de las
rayuelas que, otros niños, jugaban porque no les alcanzaban los vituallas para
ir todos los domingos a las matinés al
cine, en los juegos siempre se metieron con pasados y futuros, esos niños que
nunca terminaban de poner los pies sobre la tierra.

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