A veces los niños se disfrazaban
de cowboys y los padres apañadores hacían lo imposible con darles las
coberturas para que sus imaginaciones siguieran el ritmo con el que volvían
entusiasmados de las matinés o las selectas donde tipos como John Wayne se emparchaban
a tiros con otros en confrontaciones que siempre ganaban los buenos y los malos
se iban a los mismos infiernos, a veces los niños se disfrazaban cowboys, y
cuando los padres consentidores lograban sus cometidos los sábados a la mañana
salían en dos matungo cansados desde el vamos a dar vueltas por el pueblo como
les daba vuelta por la cabeza parecerse a algunos de los actores de las
películas que cómodos veían comiendo comprimido o chocolate con menta, pero la
cosa no iba mucho más allá porque no podían darse cuenta que jugaban y entraban
en un pasado que ni siquiera era un pasado propio, a veces los niños se
disfrazaban de cero y cero y siete, y se internaban acalorados y enfundados en
trajes inmensos que les prestaban tíos que ya no los usaban, en aventuras de el
mañana nunca muere o de operación trueno, para desactivar células de maleantes
que con armas nucleares querían hacer explotar el mundo a pedazos, a veces los niños
se disfrazaban de James Bond, y merodeaban por zaguanes y patios en formas
subrepticias buscando al satánico Dr. No de los dedos de oro que se escaba una
y otra vez, habilitando nuevos episodios de esas largas aventuras que no se
terminaban hasta que los llamaban para tomar meriendas tardías o directamente
cenar y partir para la cama con las admoniciones que los niños duermen
temprano, a veces los niños se mezclaban en esas conspiraciones donde ganaban
los buenos invariablemente apretando a los malos que se diluían en explosiones
que remontaban a futuros desde los que volvían con los retos de sus cuidadoras
o de sus progenitores por andar ensuciando los trajes prestados por tíos
comedidos, pasados o presentes los niños se perdían de jugar al futbol en el
potrero, con esos otros niños que, más directos pasaban bombas con sus
presentes en los que ni siquiera había que disfrazarse de nada.

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