La bestias de afuera buscaron cómplices adentro esos fueron los que
pagaron el pato, los mejores no los peores, las bestias de adentro buscaron
cómplices adentro que fueron peores que las bestia de adentro y de afuera
porque anduvieron desperdiciando sus vidas vendiendo a sus hermanos, por nada,
esos fueron los que pagaron el pato mal, metidos en los montes unos metidos en
los bancos otros en las oficinas vacías de la municipalidad desierta desde la
declaración del estado de sitio de las incomunicaciones y del proceso de
reorganización nacional que fue más un proceso de desorganización nacional,
metidos en lugares donde no eran recibidos como lo que eran en apariencias
porque los que pagaron el pato aplaudían a un lado y al otro, unas bestias, no
es que las bestias sabían los nombres y los apellidos, y los números de
documento de identidad, de las otras bestias, esas bestias enemigas de
malandrines apátridas, de energúmenos marxistas de café, que atrasaban como los
relojes con esas historias de la reforma agraria y las expropiaciones a los
poderosos, que la acumulación se los deglute cuando están todos más gordos mucho
más gordos de lo que van siendo mucho más que el propio carajo, no es que las
bestias conocían todos los itinerarios todos los paraderos de las otras bestias
prepotentes y uniformadas que comenzaron con aplicar entrenamientos tomados en
centros clandestinos sostenidos por los yanquis y financiados por las sinarquía
financiera internacional del capitalismo residual, no es que unos fueran
mejores que los otros ni que estos que fueran mejores que aquellos, había
blancos, ó negros, luces ó sombras, opacidades y contrastes, en estrategias
iguales de sembrar las bombas y tirarse muertos, pero las bestias ambas bestias
merodeaban en medio de otros insufribles del medio confundidos para todo, los
que no sabían si aplaudir o llorar, si sonreír o poner caras de nada, los
inseguros los afectos a las prudencias a las siestas, los endebles, metidos en
los líos jugados para un lado o para el otro o directamente no jugados como
indicaban los manuales del no te metás y del por algo debe ser, esos tibios y
tilingos más preocupados por saber donde era la próxima milonga que por saber
de víctimas y victimarios, pero una bestia más embadurnada y torpe que la otra
tiraba en los francos de borracheras en pueblo donde no eran gente grata, o que
esta bestia mentirosa descuidaba los perímetros de sus defensas sembradas de
milicos tembleques y miedosos o que la otra bestia mentirosa también dejaba a
los imberbes en los flancos abiertos por la lucha contra el imperio.

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