Los pobres no tienen ni suerte y
menos los pobres que lo son después de haber sido pudientes, pálidas son todos
los días, pálidas todo el día, una tras otra, se atormentaba el flaco y
lagrimeaba nostálgico de sus épocas de niño cuando no tenía preocupaciones, de
esas que tenía que no eran pocas de andar deambulando por las calles a la pesca
de changas y aguantarse los sermones de la mujer todos los días diciendo que hay
comedidos que le tendrían mucho mejor a ella y a los niños, la chicharra
comenzó a sonar una y otra vez y la gente que estaba además del corpulento de
la seguridad comenzó a acercarse a la caja donde la mina comenzó a pedir la
supervisora por parlante, caja tanto caja tanto decía y se escuchaba por los
pasillos del súper, se necesita supervisora, habrán sido las diez de la mañana
y el grandote que parecía un general de algún ejército invisible y poderoso por
la cantidad de estrellitas en el bolsillo de su camisa con charreteras, comenzó
a imponer la compostura de las buenas costumbre hasta ver qué pasaba, esa era
su función y la cumplía lo mejor que podía, en ese súper donde en otras veces
parecidas, de ruido de chicharra de llamar a la supervisora y de acercarse el
de seguridad más los curiosos y chusmas, se trataba de reducir rateros comunes
que tomaban un yogurt de las góndolas o alguna caja de cereales que no podían
comprar por su cuenta, entonces se llamaba a la policía y los curiosos
oficiaban de testigos para cerrar las actas de infracciones, el flaco
contemplaba impávido sin comprender todavía, y un resto de la impotencia que
había tenido un par de horas antes juntando peso a peso para comprar la leche
para su niño pequeño, le cayó el temblequeo de golpe en ese lío de palmadas que
sintió en la espalda y manos que lo tocaban sorprendidos por su suerte, el
flaco sollozó y dio una arcada y se puso a llorar como niño tapando su cara con
sus manos de viejo, mientras los que andaban cerca comentaban que había que
esperar que llegaran las cámaras de televisión para filmar el acontecimiento
que era toda una sensacional noticia, la chicharra sonaba y las supervisora se
plantó interviniendo la caja y sacó un ticket de arqueo en el que se explicaba
las razones del barullo que eran los premios que se encontraban cada vez que se
producía alguna novedad importante para el súper, el cliente quinientos antes
de las diez de la mañana, las promociones llueven y los precios suben comentaba
una viejita de las que estaban cerca, el flaco temblequeaba y quebrado no pudo hablar
ante las cámaras solo sollozaba producto de la miseria de la fortuna de tiempos
mejores, mientras los chismosos insistían con qué suerte que tuvo de sacar el
premio del automóvil justo con una compra tan chiquita de un sachet de leche.

No comments:
Post a Comment