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Friday, March 06, 2015

Suerte rima pálidas.


Los pobres no tienen ni suerte y menos los pobres que lo son después de haber sido pudientes, pálidas son todos los días, pálidas todo el día, una tras otra, se atormentaba el flaco y lagrimeaba nostálgico de sus épocas de niño cuando no tenía preocupaciones, de esas que tenía que no eran pocas de andar deambulando por las calles a la pesca de changas y aguantarse los sermones de la mujer todos los días diciendo que hay comedidos que le tendrían mucho mejor a ella y a los niños, la chicharra comenzó a sonar una y otra vez y la gente que estaba además del corpulento de la seguridad comenzó a acercarse a la caja donde la mina comenzó a pedir la supervisora por parlante, caja tanto caja tanto decía y se escuchaba por los pasillos del súper, se necesita supervisora, habrán sido las diez de la mañana y el grandote que parecía un general de algún ejército invisible y poderoso por la cantidad de estrellitas en el bolsillo de su camisa con charreteras, comenzó a imponer la compostura de las buenas costumbre hasta ver qué pasaba, esa era su función y la cumplía lo mejor que podía, en ese súper donde en otras veces parecidas, de ruido de chicharra de llamar a la supervisora y de acercarse el de seguridad más los curiosos y chusmas, se trataba de reducir rateros comunes que tomaban un yogurt de las góndolas o alguna caja de cereales que no podían comprar por su cuenta, entonces se llamaba a la policía y los curiosos oficiaban de testigos para cerrar las actas de infracciones, el flaco contemplaba impávido sin comprender todavía, y un resto de la impotencia que había tenido un par de horas antes juntando peso a peso para comprar la leche para su niño pequeño, le cayó el temblequeo de golpe en ese lío de palmadas que sintió en la espalda y manos que lo tocaban sorprendidos por su suerte, el flaco sollozó y dio una arcada y se puso a llorar como niño tapando su cara con sus manos de viejo, mientras los que andaban cerca comentaban que había que esperar que llegaran las cámaras de televisión para filmar el acontecimiento que era toda una sensacional noticia, la chicharra sonaba y las supervisora se plantó interviniendo la caja y sacó un ticket de arqueo en el que se explicaba las razones del barullo que eran los premios que se encontraban cada vez que se producía alguna novedad importante para el súper, el cliente quinientos antes de las diez de la mañana, las promociones llueven y los precios suben comentaba una viejita de las que estaban cerca, el flaco temblequeaba y quebrado no pudo hablar ante las cámaras solo sollozaba producto de la miseria de la fortuna de tiempos mejores, mientras los chismosos insistían con qué suerte que tuvo de sacar el premio del automóvil justo con una compra tan chiquita de un sachet de leche.



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