Titanes cubiertos de pilchas de
cowboys de Súperman de Batman salíamos todas las mañanas de los sábados de los
domingos de los feriados de los asuetos, cíclopes imaginarios seres de otros
planetas que aterrizaban en ovnis de juguete en pilas de arena donde nos
revolcábamos en luchas épicas que actuábamos y mirábamos, superhombres con las
fundas las mochilas y cantimploras como soldados americanos de guerras lejanas de contiendas que no eran ni propias, salíamos, envalentonados abajo de los disfraces parchados inventados de
detectives de la corona buscando maleantes con bombas atómicas nos internábamos
en la pantalla en la casa de piedra en la loma, salíamos con entusiasmos de
niños en los papeles de malabaristas y trapecistas de circos que inventábamos en
funciones donde ninguno quería el papel de payaso porque todos peleábamos por
ser los héroes de la películas que continuaban en las memoria con la mejor de las imaginaciones, los mejores los más calificados luchadores con caretas y
prendas armadas con retazos de telas de las mismas señoras que nos cuidaban,
entusiasmados con esos disfraces conseguidos con llantos y las buenas
voluntades de nuestras señoras madres y nuestras señoras niñeras que soportaban
los caprichos y las zonceras cada una de las docenas de travesuras, héroes
éramos y se nos ocurrían que corrían como nuestras imaginaciones y las escenas que después de sucesos argentinos llenaban las pantallas con películas que veíamos, personajes que iban justamente desde temprano hasta
entrados los atardeceres o las noches oscuras, cuando comenzaban a correr las
historias del duende de la mujer sin cabeza, del familiar del farolito en ese
territorio de ninguno de nosotros sembrado de cañas de janas, de pronto se nos
acababan las ganas de disfrazarnos y de sentirnos como eso que soñábamos ser
sin serlo, y nos entraban los miedos normales y los escalofríos nos bajaban
desde la nuca hasta los mismos talones y los héroes se volvían de pronto en unos meros cobardes, en unos mariquitas y disparábamos volviendo a nuestras casas cagados y cargados de miedos,

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