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Thursday, March 26, 2015

Héroes rima miedos.



Titanes cubiertos de pilchas de cowboys de Súperman de Batman salíamos todas las mañanas de los sábados de los domingos de los feriados de los asuetos, cíclopes imaginarios seres de otros planetas que aterrizaban en ovnis de juguete en pilas de arena donde nos revolcábamos en luchas épicas que actuábamos y mirábamos, superhombres con las fundas las mochilas y cantimploras como soldados americanos de guerras lejanas de contiendas que no eran ni propias, salíamos, envalentonados abajo de los disfraces parchados inventados de detectives de la corona buscando maleantes con bombas atómicas nos internábamos en la pantalla en la casa de piedra en la loma, salíamos con entusiasmos de niños en los papeles de malabaristas y trapecistas de circos que inventábamos en funciones donde ninguno quería el papel de payaso porque todos peleábamos por ser los héroes de la películas que continuaban en las memoria con la mejor de las imaginaciones, los mejores los más calificados luchadores con caretas y prendas armadas con retazos de telas de las mismas señoras que nos cuidaban, entusiasmados con esos disfraces conseguidos con llantos y las buenas voluntades de nuestras señoras madres y nuestras señoras niñeras que soportaban los caprichos y las zonceras cada una de las docenas de travesuras, héroes éramos y se nos ocurrían que corrían como nuestras imaginaciones y las escenas que después de sucesos argentinos llenaban las pantallas con películas que veíamos, personajes que iban justamente desde temprano hasta entrados los atardeceres o las noches oscuras, cuando comenzaban a correr las historias del duende de la mujer sin cabeza, del familiar del farolito en ese territorio de ninguno de nosotros sembrado de cañas de janas, de pronto se nos acababan las ganas de disfrazarnos y de sentirnos como eso que soñábamos ser sin serlo, y nos entraban los miedos normales y los escalofríos nos bajaban desde la nuca hasta los mismos talones y los héroes se volvían de pronto en unos meros cobardes, en unos mariquitas y disparábamos volviendo a nuestras casas cagados y cargados de miedos,




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