Los duendes soñaban que las hadas
picarescas soñaban con las hadas madrinas que además sin nadie que les diga si
estaban en lo cierto soñaban lo que ellos soñaban, los duende que soñaban y las hadas que también soñaban, los duendes atribulados
soñaban que las hadas madrinas por los chismes que les llevaban de ellos las hadas novicias los retaban, y los duendes
asustados caminaban sonámbulos por el pedazo de bosque donde cuidaban a las
hadas primerizas que soñaban y cuidaban y que también sonámbulas se perdían de
a ratos yendo y viniendo de lugares mágicos donde las aguas y los vientos
tenían sus lenguajes que les llegaban a los duendes y a las hadas, aguas ruidosas en caudales cristalinos vientos suaves o fuertes que son como silbos perdidos, soñando las hadas cuidadas por los duendes que se entrenaban
para buscar princesas por el mundo para ayudarlas a que encontraran a sus
príncipes azules sin que las otras supieran que ellas también lo deseaban, primero bajo la forma de batracios panzones y quejosos,
después gentilhombres de carne y hueso que soñaban en duendes soñadores que les
cumplían sus fantasías de fortunas y buena suerte, nobles díscolos que ni en
sueños soñaban con casarse con princesas soñadoras y caprichosas así las hadas novicias
regaran con polvos mágicos los alrededores mágicos de los sueños antes que llegaran los despertares, los duendes soñaban con despertarse
un día y volver a sus trabajos habituales cansados de andar cuidando hadas
saltarinas que soñaban como ellos lo que las hadas madrinas también soñaban, antes de andar con realidades que mostraban lo contrario.

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