Cuando todo comenzó se acabaron
las contemplaciones vinieron como dos docenas de télex secretos que llegaron de
casa central ordenando que se cortara el chorro tanto a obreros y empleados a
ver si escarmientan y comparando se dan cuenta qué es lo malo y qué es lo
bueno, cuando bajaban esas instrucciones que todos comprendían que procedían
del ingeniero y que llegaban al gringo derecho su representante en el ingenio
se agarraban la cabeza porque muchos se acordaban de ordenes similares apenas
dos décadas atrás, el chorro para los obreros era que les cortaban los créditos
en el almacén grande lo que quería decir que no podían comprar en cuenta corriente ni
bicicletas ni colchones que era lo que más compraban además de la mercadería
de todos los días que les encargaban a sus mujeres que iban de un local a otros con la libretita de hule negro, y para los empleados igual cortar el chorro la falta de concesiones también era el
corte del crédito para comprar lo que más compraban que eran camisas de hilo y
pantalones de poplin con los que iban elegantes cuando la sirena de la siete
como si fuera el gritito histérico de una plañidera les anunciaba que era el
turno de personal de la administración, esos ruidos que se armaban con vapores que se lanzaban al aires por pistones que se abrían y cerraban, que les marccaban las proximidades con las entradas y las salidas, cuando todo comenzó se acabaron las
autorizaciones para horas extras, se cortaron las gratificaciones personales
que con plata movían las voluntades de esos disciplinados obreros que en tres
momentos del día escuchaban los otros pitos los más graves que parecían la tos
ronca de un gigante que despertaba y ellos como si fueran sonámbulos sin cerebros, a las cinco, a las
trece o a la veintiuna, caminaban hacia los portones de entrada sin dirigirse
la palabra, cuando todo comenzó además de los télex el propio ingeniero se hizo
presente para decirle al gringo que apretara las clavijas de las espiadas
porque le dieron información que las fábricas están llenas de zurdos que encima
son desagradecidos, cuando se enteraron de esto obreros y empleados guardaron
silencios.

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