En el camino del laberinto que conocía de memoria había ido de menor a
mayor después de la muerte de su mamita del alma que se desesperó por dejarle
todas las indicaciones del caso antes de expirar demostrándole cabalmente lo
que le había dicho toda la vida que él era el único al que había amado amaba y
amaría, en ese camino había ido de menor a mayor confirmando y secando las
florecitas que su vieja le había dejado sembradas por toda la casa en
escondites imposibles para cualquier ratero de pacotilla que intentara siquiera
pensar que podía aventurarse en busca de la fortuna, que algún chismoso podría
conocer por información o haber filtrado datos con los compañeros de ella o del
marido en el hospital de ingenio, por eso había empezado con los rollitos de
billetes de diez pesos amontonados y disimulados en una media de nailon
transparente de las que usan las
mujeres, adentro de una caja de cartón vieja y polvorienta que estaba como
tirada arriba del ropero con el espejo, de menor a mayor fue porque después fue
pasando a los rollitos de los billetes de cincuenta y de cien pesos
desparramados por los dormitorios en rincones de las cómodas o en cajones
secretos y alhajeros, y pasó ´por los rollitos en los tarros de la cocina que
él había ido conociendo también de menor a mayor porque desde que tenía memoria
recordaba que ella le fue indicando, hasta los días en que había llegado al
escondite de los dólares con los que supo bien, aplicar las instrucciones que
ella le había dado, tomarlos ir hasta el usurero del pueblo y pedirle la
cotización más alta por cantidad, en el camino de laberinto que conocía le
habían tocado en un momento, cuando se quedó si n dinero, ir de atrás para
adelante que para cómo era él fue lo mismo que ir de mayor a menor.

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