Un mambo tenía, venía como vienen vinieron y vendrán muchos, a los
tumbos con el mambo a los tropezones puros, cuando tuvo la interesante edad de merecer de andar
mereciendo de patrocinarse merecedor, se dio cuenta de golpe que su mamita del
alma, viuda del difunto, de dos años a la fecha, no era tan joven como él
hubiera querido, y que la fortuna que había amasado una parte considerable la
había conseguido del occiso que era enfermero como ella de mucho tiempo en el
hospital del ingenio, donde atendieron generaciones completas de collas y
patroncitos ya que trabajaban en la maternidad donde venía la cigüeña
procedente de París, cuando tuvo esa edad se dio cuenta también por las edades
que él no entraba fácilmente en el rompecabezas de su casa debido justamente a
las diferencias, situación que oportunamente le aclarara la misma mamita
diciendo que él había sido uno de esos tantos bebés que vienen al mundo y que
como su mamá se murió y no sabía quién era su papá se lo había entregado en
custodia de ella, cuando tuvo esa edad se le comenzaron a pasar por la cabeza
los pensamiento más pecaminosos que la vieja estaba achacosa y que los ahorros
eran suficientes, sumando la casa, para que él viviera como un duque en
adelante, pero la mujer se murió antes que el ejecutara sus pensamientos y,
desgracias, y la plata también se acabó antes, mucho antes que la desfrutara,
en manos de una ninfa que habrá pensado que él mismo no era tan joven como ella
lo esperaba.

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