La mezcla de pobreza, impotencia
y locura son como dinamita que en algún momento explota y hace explotar varias
cosas más en los alrededores, y tiñe de sangre y de luto la vida de la gente
que se une por estos dramas cuando no se une para otras cosas, católicos o
evangelistas, testigos de Jehová o de la iglesia del séptimo día los cristianos
que le andan peleando al mango de repente explotan y hacen explotar a los demás
que es lo peor, armó meticulosamente el relato, con lujo de detalles cubrió el
corresponsal la noticia que ennegreció varios días la vida normal del pueblito,
con lujo de detalles hizo una recapitulación de los hechos clara y minuciosa que le costó
quedarse toda la noche renegando con su oivetti lettera veintidós comprada por
él mismo con un crédito que le hicieron dar en la redacción central del diario
de gran circulación, con facilidades, en el supermercado comodín donde iba
también por sus provisiones cotidianas, sin conocer demasiado hizo un esfuerzo
y averiguaciones sumariando, hilvanando los sucesos de todo el sangriento periplo
del evangelista que enloquecido por un cáncer que le duplicó el tamaño de un
chichón en la cabeza y los celos, dejó un tendal de muertos en toda su familia,
y se concentró, con lujo de detalles a describir para los lectores que se
interesaran, con puntillosidad y afectaciones, cada momento del luto de
veinticuatro horas que los paisanos hicieron por cuenta propia, todo el pueblo
compungido, dolido y silenciado, reaccionando, no solamente colocando crespones
negros en las puertas de las casas como para que se notara sin intermediarios o
intérpretes que nadie si hizo el sota con la locura de un tipo que además
estaba muerto, sino también caminando en procesiones espontáneas y con
recogimientos mientras desfilaron por las calles entre sus casas y el club
recreativo, los dos días, donde velaron a las seis personas incluido un niño de
poco más de un año, los hombres con sus brazaletes negros ajustados y ajustando
las mangas de sus camisas a las alturas de sus antebrazos, las mujeres con sus
vestimentas negras, vestidos, remeras y polleras, y sus tules bordados o los pañuelos negros sobre
sus cabezas, que improvisaron por el drama, con lujo de detalles se desveló el
cronista como para que su resumen llegara lo más rápido posible a la redacción
del diario, pensó que el tema era de tanta importancia que hasta podría haber
ocupado la página de los grandes titulares, dramas de la pobreza de un tipo que
no tuvo lo que quiso de un tipo que no pudo tener lo que quiso y lo resolvió a
su manera, despachando a todos los suyos, cuando vio que su crónica había terminado
en un resumen no mayor a diez renglones recuadrado en la página de policiales,
en una síntesis de su síntesis, hizo una llamada por teléfono a su jefe para
reclamar lo que interpretó como un desplante después de todo aunque fuera un
poco mayor él había asistido a los talleres de capacitación que comenzaron a
dar cuando se modernizó el periódico, ese jefe veterano que sabía de sus historia de estas historias de la historia del diario, el mismo que seguro le contestó con un eructo de por medio por lo que se disculpó diciendo
que había terminado su cena, que no sea tan extenso con sus notas, que nadie es profeta en su tierra, y que la vida de los pobres no vende, que a nadie le
interesan las historias de pobres.

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