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Tuesday, February 24, 2015

Acá rima allá.



La parte más delgada del hilo eran ellos y como eran casi todos ancianos, lagrimeaban, lloraban, se cagaban y se meaban de la impotencia de no poder negarse ante la infamia de cargarlos a todos en un camión como si fueran vacas que van al matadero, pero la orden estaba dada y en dos noches los vehículos livianos y pesados del comando general patrullaron la ciudad buscándolos como si fueran lo peor de los zurdos con los que luchaban que en algunos lugares los hacían cagar como hijos de vecinos aún con todas la ventajas que estos del comando contaban, con pertrechos armas y refuerzos para la lucha en la que estaban metidos, el hilo se corta por lo más delgado y ellos eran la parte más delgada de ese hilo de transeúntes solitarios que merodeaban por veredas y calles buscando el alimento del día y algunas monedas extras para comprar cigarrillos y reponer algunos de los utensilios que formaban parte de sus cocinas, ambulantes como ellos, viejos eran en su mayoría y no tenían quien los defendiera con los patoteros que los siguieron por esos días, así que temblaban y se entregaban mansamente a las indicaciones de esos que los subían a sus vehículos y fuera invierno o verano los llevaban hasta unos canchones donde guardaban los vehículos y los amontonaban sobre la playa y los manguareaban con agua fría burlándose de la pestilencia de sus mugres que sacaban con esas mangueras, purificaciones de acá mientras estuvieran por acá mientras fueran vecinos venidos a menos, eso y un par de pan de jabones con glicerinas que tiraban en el medio para que los utilizaran, la parte más delgada del hilo eran ellos que tenían que aguantarse con la boca cerrada todas estas prepotencias que terminaban con andrajos amontonados a un costado de la playa de donde les hacían elegir lo que necesitaran a los gritos que no despreciaran porque serían ropa vieja pero al menos limpia, los viejos, lagrimeaban, lloraban, se meaban y se cagaban de la impotencia y la tristeza, pero no había caso, no había forma que eso fuera diferente, el jefe del operativo independencia había dado las órdenes precisas de todas estas barbaridades, a sus comandantes chupamedias, cabos y sargentos mayores y matones, que los juntaran a todos en un camión, a todos los linyeras mendigos indigentes que pudieran, y los llevaran allá bien lejos de acá hasta una ciudad que esté los más lejos posible y los dejaran por las calles, como si estuvieran sembrando en un jardín de mierda, con la comisión de vecinos probos había acordado que la ciudad no podía tener sus menesterosos propios.




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