Mucho tiempo estuvimos con ella tanto tiempo que si fuera por nosotros no nos hubiéramos separado de ella, nos relamíamos los dedos y olvidábamos como si fueran pasos de magia,
la invasión de cucarachas que a las noches deambulaban por las ollas y las
sartenes buscando lo que se había lavado con esponjas y virulana animalitos que
mucho nos asustaban por lo asquerosos que se veían caminar por los bordes de las ollas las alacenas los mesones por donde ella ponía sus manos cuando empezaba, cuando llegaban las horas, maravillosa
era Blanca para lograr esos purés tricolor que todos devorábamos en los
almuerzos o en las cenas cuando los hacía, unos purés veteados que conservando
el blanco de la papa, tenía pintos y manchas de verdes y amarillos que
seguramente lograría de licuar acelga con zanahorias o vaya a saber que otras
mezclas hacía, ella estaba para eso en la casa pero se daba tiempos en sus
tareas para darnos algunos gustos que eran todos culinarios porque era una
cocinera de alma, en poco tiempo preparaba desayunos completos o picadas
completas también picando con su paciencia los cuadraditos de fiambres que nos ponían llenos opíparamente, y maravillosa era Blanca cuando
terminaba los bistecs que quedaban con todos sus componentes y sus aderezos a
punto de forma que ni siquiera nuestro padre que era rezongón se quejaba, de
sus comidas aromáticas y sin ajos y poca cebolla como tenía las instrucciones
del jefe de la familia, maravillosa hablaba poco y cocinaba como los dioses,
cómo lo hacía no lo supimos, menos el día que un pretendiente la prendó y se la
llevó para siempre lejos de nosotros.

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