Los asaltos no eran entonces asaltos a manos armadas sino una
turba en algunos casos una torva de insufribles que llegábamos de repente al domicilio
de alguno con sándwiches mal preparados por nosotros mismos chorreando
mantequilla, y unas chinchibilas al tiempo que ni tomábamos porque íbamos a
esas casas para otras cosas, ensuciábamos todo dejando pegoteado el piso con la
goma de los Guante más lo que volteábamos de comida o bebida los varones de
tanto bailar y saltar con las canciones del club del clan y el pata - pata de
la Makeba, horas y horas armando rondas agarrándonos de las manos con rubores en
las mejillas que no notábamos porque todos éramos tímidos y vergonzosos, eso
los varones, y las mujeres con esas chatitas de cualquier marca que les
compraban en los años esos de andar estrenando sus primeros tacos, hasta que
llegaba un mechón de tu cabello o Venecia sin ti y entonces apenas si nos abrazábamos
casi rozándonos con quien nos gustaba o volvíamos a las sillas desparramadas si
no nos gustaban las partidas o si las partidas que nos gustaban se enganchaban
con otras, parvas de chicos bulliciosos que nos veíamos desde el jardín de
infantes en ese pueblo chico infierno grande donde vivíamos, entrando y
saliendo cada viernes si podíamos cada sábado seguro y cada domingo si era
víspera de feriado, de la casa de alguno que previamente había pedido el guiño
de ojos cómplices de alguna mamá condescendiente que sabía lo que tenía que
hacer para convencer a algún papá gruñón de los muchos que eran, vieja cómplice
como para dejarnos caer de sorpresa entre comillas entre las cinco de la tarde
y como mucho las diez de la noche, asaltos inolvidables eran esos que no eran a
manos armadas, en esos días que éramos felices y plenos, casualmente hasta el
veinticuatro de marzo del setenta y seis, cuando en las casa nuestras casas y
en las escuelas nos dijeron que por un tiempo había estado de sitio que ni
sabíamos de qué se trataba pero eso sí que estaban suspendidas las fiestas o
las reuniones, lo que sí supimos a los pocos días, es que el interventor de la municipalidad
junto al jefe de la gendarmería en camiones y camionetas prestadas por el ingenio,
comenzaron con los asaltos que, otros asaltos, esos sí, era a manos armadas.

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