A
ellos les gustaba primero el pin – pin y después si les daban a elegir les
gustaba bailarse un pericón como el que les hicieron bailar en la escuela
cuando terminaban la primaria y al último les gustaban los misachicos, no
porque estuvieran renegado de adorar al señor sino porque ellas se ponían
ariscas y gruñonas y entonces ellos pagaban el pato, a ellos les gustaba el pin
– pin porque cuando estaban en medio de los bailes podían arrimar sus cuerpos
al cuerpo de ellas que temblaban en esos roces perfumados con albahacas y
jazmines y ellos se ponían contentos y entonces chupaban litros y litros de
chicha que circulaban noche y día por las calles en ollas transportadas por los
hijos y los parientes de las familias que ya eran conocidas que la hacían más
rica que lo que podían hacerla otras familias, el mosto de toda la quebrada, a
ellos les gustaba primero el pin – pin porque se mezclaba con la jarana y la
pachamama los cuidaba que para eso estaba, no como a ellas que les gustaban
primero los misachicos bajar de las serranía en donde estaban Florencia y Paulina
los lotes del alma, ellas bajaban en procesiones que eran como rosarios largos
trayendo a Jesucristo y a su madre la virgencita en andas en sus altares, y les
gustaba trenzar las cintas que lo hacían con ellos y les gustaba que las rocen
suaves porque coyitas y todo les gustaban los compadres, primero los
misachicos, después los pericones que aprendieron en la escuelita de jornada
completa porque había que andar en burro para volver a las casa y se demoraba
como dos horas si no llovía, a ellas les gustaban esos bailes como a ellos,
pero al último el pin – pin porque era cuando les caía el demonio con todo que
ni sabían en cuál de ellos, cuál de ellos que las correteaban para subirles las
polleras, y entraba el Satanás y a los nueve meses nacía la guagua del diablito

No comments:
Post a Comment