Todo se mezclaba en esos días de llegar
por fin a ser como los mayores, en esos días que comenzamos a dejar atrás la
edad del pavo para entrar a las peligrosas edades de los pavotes, chicos en
cuerpos de grandes, los que llegaron primero llegaron al colegio a la escuela
normal de maestros a la comercial diurna y a la comercial nocturna por entonces
el pueblo que progresaba tenía ya estas tres escuelitas secundarias llenos sus
patios de vida sus galerías sus aulas de alumnos vigorosos y rebosantes de
ganas de todo, los primeros que llegaron lo hicieron arropados como simpáticos
profesores que estaban con nosotros en las urgencias del día al día,
haciéndonos zafar de los hachazos de los aplazo, de las rabonas que llamábamos
también de la yuta, peleando por nosotros donde correspondiera el libre por
ausente o las amonestaciones en esos límites que siempre bordeamos sin
excepciones porque no se salvaban ni los abanderados cuando venían esas
amonestaciones a todo el curso cuando el curso, nosotros, en forma de equipo
defendíamos alguna causa que nos parecía justa, los primeros que llegaron
estaban en todas esas situaciones y se mezclaban con nosotros en los asaltos y
en las jodas también, por eso tuvieron adeptos por todos los rincones de los
colegios que les escuchaban en el medio de todos esos barullos los aleccionamientos
para buscar un mundo mejor sin diferencias odiosas entre ricos y pobre entre
negros y blancos, lo que no nos dijeron, por ahí porque ni ellos lo pensaron es
que por detrás venían los otros, esos que vinieron con el proceso de reorganización
nacional, que más que reorganización armaron una desorganización un lío entre
los vivos, lo que no hubiera sido nada si no dejaban una caterva de
desaparecidos.

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