Y ella que pretendía enseñarnos por enésima vez el
himno nacional eso de oíd mortales que no entendíamos ni para atrás ni para
adelante el grito sagrado mientras nos empujábamos o jugábamos a juegos de
manos juegos de villanos con las chicas que entonces explotaban por todos lados
pero más que de otros de las tetas que comenzaban a notarse, y pretendía
enseñarnos y el himno al sarmiento inmortal de la pluma y la palabra, y la marcha
de San Lorenzo eso de Febo asoma ya sus rayos, y el himno a la bandera alta en
el cielo un águila guerrera audaz se eleva y nosotros en Babia, y cuando ya
empezábamos a memorizar las letras porque las músicas las escuchábamos seguido
cuando entrábamos cuando salíamos y balbuceaban los de quinto año que parecía
que por fin las habían aprendido, nos cambiaba de tarea y empezábamos una nueva
consigna que ella nos decía que estaba en la planificación anual cuando no
entendíamos qué era la planificación anual, para ella porque a nosotros no nos
decía nada pero cambiaba los pedidos, la señorita de segundo se preocupaba de
todo eso, pero a mitad de año le entraba la locura de cambiar y entonces
pretendía enseñarnos las zambas y los gatos no solamente a cantar cuando ella
tiraba unas notas en el piano que la salvaba de todas las situaciones, sino
también a bailar y nos elegía hasta las parejas mientras en un winco la púa
rayaba una y otra vez los discos donde estaban grabados esas chacareras o el
pericón, pasábamos por todas hasta que ella decidía los números, mientras
nosotros enganchados con los Beatles y los Gatos de la balsa de estando solo y
triste en este mundo abandonado igual a nosotros sin que ella lo supiera,
porque nos hablaba de ser buenos alumnos y buena gente, y no le entendíamos,
pero ella lo mismo nos hablaba, y nos pedía, que no la dejemos mal que le habían
encargado los números del acto de fin de año y bueno, ahí entrábamos nosotros
sin entender muy bien los cielitos y las vueltas y semi vueltas que teníamos
que dar con la pareja que no nos gustaba porque la que nos gustaba por orden de
ella estaba con otro o con otra, y así nos tenía la segunda mitad del año de
ese segundo año a ensayo puro y nosotros éramos unos troncos que nos enredábamos
mal cuándo se daba vueltas o cuándo había que zapatear de insolentes que éramos,
ella pretendía que aprendiéramos todo eso, y a los que éramos más vagos o
molestos nos ponía diez amonestaciones y nos mandaba a que nos aburramos en el
patio.

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