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Sunday, January 04, 2015

Insolencias rima troncos.



Y ella que pretendía enseñarnos por enésima vez el himno nacional eso de oíd mortales que no entendíamos ni para atrás ni para adelante el grito sagrado mientras nos empujábamos o jugábamos a juegos de manos juegos de villanos con las chicas que entonces explotaban por todos lados pero más que de otros de las tetas que comenzaban a notarse, y pretendía enseñarnos y el himno al sarmiento inmortal de la pluma y la palabra, y la marcha de San Lorenzo eso de Febo asoma ya sus rayos, y el himno a la bandera alta en el cielo un águila guerrera audaz se eleva y nosotros en Babia, y cuando ya empezábamos a memorizar las letras porque las músicas las escuchábamos seguido cuando entrábamos cuando salíamos y balbuceaban los de quinto año que parecía que por fin las habían aprendido, nos cambiaba de tarea y empezábamos una nueva consigna que ella nos decía que estaba en la planificación anual cuando no entendíamos qué era la planificación anual, para ella porque a nosotros no nos decía nada pero cambiaba los pedidos, la señorita de segundo se preocupaba de todo eso, pero a mitad de año le entraba la locura de cambiar y entonces pretendía enseñarnos las zambas y los gatos no solamente a cantar cuando ella tiraba unas notas en el piano que la salvaba de todas las situaciones, sino también a bailar y nos elegía hasta las parejas mientras en un winco la púa rayaba una y otra vez los discos donde estaban grabados esas chacareras o el pericón, pasábamos por todas hasta que ella decidía los números, mientras nosotros enganchados con los Beatles y los Gatos de la balsa de estando solo y triste en este mundo abandonado igual a nosotros sin que ella lo supiera, porque nos hablaba de ser buenos alumnos y buena gente, y no le entendíamos, pero ella lo mismo nos hablaba, y nos pedía, que no la dejemos mal que le habían encargado los números del acto de fin de año y bueno, ahí entrábamos nosotros sin entender muy bien los cielitos y las vueltas y semi vueltas que teníamos que dar con la pareja que no nos gustaba porque la que nos gustaba por orden de ella estaba con otro o con otra, y así nos tenía la segunda mitad del año de ese segundo año a ensayo puro y nosotros éramos unos troncos que nos enredábamos mal cuándo se daba vueltas o cuándo había que zapatear de insolentes que éramos, ella pretendía que aprendiéramos todo eso, y a los que éramos más vagos o molestos nos ponía diez amonestaciones y nos mandaba a que nos aburramos en el patio.  

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