El itinerario era todas las veces el mismo, estaba marcado sin
aceptaciones de propuestas y de protestas por madres afligidas impermeables y
rebalsadas de caprichos de sus rebeldes críos, y por padres imberbes y cómodos
que les marcaban les advertían a esas madres con la historia que si no
trabajaban tranquilos no era posible parar la olla de todos los días, apenas se
quejaban contestado contestando con eso que en el ingenio con el tema del
presentismo no jodían así se rascaran en la fábrica que eso era lo primero que
les decían cuando entraban, todos los domingos y feriados temprano en el
almacén grande ese era el punto de partida porque el que más lejos vivía estaba
a tres cuadras, bajada por la avenida Libertad hasta la esquina de la iglesia, subir
por la calle del cine tomar la curva del gringo Matos hasta Rivadavia dar la
curva de las sala, cortar por la calle del club social y agarrar nuevamente por
la calle del cine y sorteando sus firuletes volver por Rivadavia a la avenida Libertad,
todas las veces lo mismo todas las veces que las madres compungidas miedosas sojuzgadas
por padres iracundos y oportunos lo permitieran, hasta que salieran como
buscapiés a las veredas explotando de desolaciones a llamarlos a los gritos con
el nombre de pila, uno por uno o dos por uno o lo que fueran la cantidad de
hermanos que anduvieran en ese enjambre de doce o quince, los niños
circunvalaban ese circuito porque los domingos y feriados no había ni camiones
ni autos por las calles y entonces andaban seguros, el itinerario era todas las
veces el mismo, lo que no era lo mismo eran los niños que se sumaban al grupo
de los que pedaleaban entretenidos las bicicletas que dejaron los reyes magos, entraban
y salían los nuevos con la excepción de los cuatro amigos que daban los visto
bueno o bajaban sus pulgares idiotas o amables, los que recién llegaban
entraban, así fueran hijos de obreros y empleados, el salvoconducto era la
bicicleta, hasta que las madres selectivas por intermediación de los padres irritables
les cambiaban los amigos, los hijos de los empleados con los hijos de los
empleados y los hijos de los obreros con los hijos de los obreros, después de
todo, a la larga y a la corta, los reyes les dejan a todos sus bicicletas, y no
es para que se anden mezclando.

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