La vuelta al mundo se paraba vuelta a vuelta y en algunas por supuesto
que alguien quedaba colgado con la media burbuja donde la gente se sentaba y se
aferraba a la barra de seguridad que el encargado le ponía cuando empezaban las
cinco vueltas que se pagaban con australes o pesos ley haciendo las conversiones,
por los cortocircuitos las luces se apagaban y titilaban hasta que las
arreglaban, alguien quedaba colgado por allá como a quince metros del piso que
parecían muchos más visto ese punto desde abajo, alguien quedaba allá con la
burbuja pendulando de los ganchos que la sujetaban a la rueda principal y
entonces, venía hasta el dueño del parque el famoso Chalita con un par de
asistentes, una llave inglesa y una pico de loro que le servían para tocar vaya
a saber qué tocaba de los motores viejos y desvencijados de la vuelta al mundo
con luces multicolores que se veían desde cualquier punto del pueblo así fuera
con sombras, cuando el pueblo era más chato que alargado en edificios de
condominios, la vuelta al mundo se paraba a cada rato y en el tren fantasma las
ruedas de los furgones que servían para dos personas chirriaban por las
fricciones contras las vías sinuosas a propósito y sumaban un componente más a
los miedos y a los espantos que se desataban en los que entraban en ese túnel
donde los trucos también mal aceitados
asustaban más de la cuenta de forma que las viejas chismosas decían que
además de los trucos había duendes y hadas que se divertían con los niños
mientras el tren pasaba, que después hacían mutis por el foro, la vuelta al mundo
se paraba vuelta a vuelta y las ruedas del tren fantasma chirriaban como hienas
histéricas gritando en los descampados donde Chalita plantaba su parque, y los
juegos de entretenimiento y de azar estaban calculados para que ganaran dos
personas por noche y si acertaban tres, los empleados tenían instrucciones para
que de una forma u otra interfirieran en las punterías de los jugadores para
que no embocaran los aros en las botellas o los balines de corcho no voltearan
las figuras del los conejos que se movían con una cinta sinfín en la base, así
era el parque de Chalita lleno de defectos de desperfectos de afectos, justo,
de afectos ordinario justo para el pueblo, pero para los niños era el mejor
parque de diversiones del mundo.

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