Tanto andar para caer en una tan sencilla, tanto pujar para nada,
enojado todo el tiempo con la patria o con lo que entendía que era la patria,
con los cipayos, con los otros conmigo mismo en istmos de unos mismos,
estúpido, vecinos conciudadanos, gentilicios, tanto darle de probar con un
degradé que inauguró el maestro Borges con su famosa admonición que somos
incorregibles, y de pasar, de incorregibles a indecisos que votamos
religiosamente primero al que recitaba la constitución después al patilludo
mercachifle, de votar al chupete que sedujo, de votar en blanco que es como
regalar el voto dicen los que entienden, de no votar a los que están que
hicieron que nos devolvieron de viejos la sensación de soñar que los milicos
nos sacaron cuando apenas despuntábamos de melenas y zapatos con plataforma, de
incorregibles a imprecisos cuando nos tuvimos que jugar en la noche oscura del
proceso en los albores de la democracia, y de imprecisos a insurgentes y de ahí
a berretas, pasé por todas calificando calificándolos calificándome
calificándonos, tratando de entender de entenderme de entenderlos, de buena
onda de buena fe de buena leche, de ver para dónde agarrar con tanto mamarracho
llevándonos de la narices a nosotros infelices, negligentes truchos, tanto
andar para caer y decir improvisados eso es lo que somos improvisados, estemos
donde estemos, andemos por donde andemos, precarios pero la palabra es
improvisados y ordinarios, el vago que pregona que trabaja creyéndose el
ombligo del universo, el empresario que cobra subsidios y reniega de los
subsidios a los negros, los médicos que nunca tienen mala praxis, los contadores y abogados que
mienten, al final todos amontonados en ese andurrial de aguas servidas que se
escapa de nuestras bocas antes de pensarla, y descubrirla justo a la palabra
con el excéntrico de Asís metamorfoseado en gorila traicionero a su generación
con solo pronunciar la palabra que cierra su idea con lo del golpe, descubrir
lo de “improvisados” con él justo en el enésimo empujón al estado de hecho
viniendo del estado de derechos, una vez más cagando el sacrificio de años,
fisgoneados y fogoneados desde los diarios por los hijos de puta a los que no
les interesa la aldea porque tienen el dinero para estar en cualquiera, justo
él que muchos de nosotros lo teníamos no de ídolo, porque es mucho por darle
una canonjía, pero sí de un intelectual respetable respetado, entre los otros
tantos improvisados que andan sueltos, desde flores afanadas en los jardines de
Quilmes hasta hoy, para que se desmorone, así nomás como un cualquiera al lado
de los otros improvisados que aprovecharon el circo de N para armar los
quilombos que armaron, buscando el golpe de gracia.

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