Por orden del ingeniero en la empresa cumplían con todas las
instrucciones de desinsectaciones cada vez que comenzaban los aprontes de la
zafra antes que llegaran los coyas y los matacos que peleaban en los surcos lo
mismo que los dueños peleaban en las bolsas de comercio con los balances que
les fraguaban contadores fraudulentos que contrataban por sueldos miserables, unos
peleaban con los machetes y los otros con los protocolos firmados por
escribanos fraudulentos también contratados por sueldos de mierda papeles que
refrendaban abogados que eran empleados igualmente, más que otras las ordenes
de fumigar a gran escala para amortiguar la invasión de vinchucas y de mosquitos
que podían andar con el virus del chagas o del paludismo no había muchas más
pero esas eran suficientes para que una cuadrilla operara por casi un mes a
todas las covachas de la grey, como se cansaba de repetir el cura también
mensualizado por la empresa diciendo que podía haber diferencias en los
trabajos de cada uno pero que en la vida eran todos iguales ovejas del señor y
todos se persignaban, la atención en los hospitales para estos infelices era
casi nada por ordenes que bajaban de la casa central y que se cumplían a
rajatablas en el ingenio y en los lotes sin excepciones, no fuera cosa que
muchos de estos contrajeran el chagas o el paludismo y por rebote lo
contrajeran los más notables del pueblo, los insectos de mierda seguro que no
reconocían las diferencias entre empleados y obreros y si estaban para picarlos
a los zafreros podían picar a los empleados más reputados, por eso por orden
del ingeniero en la empresa se cumplían todas las instrucciones menos las que
ya sabían en personal que eran instrucciones para los giles esas que se decían
pero que nunca se llevaban a la práctica, por eso les desinfectaban el rancherío
pero cuando caían por el hospital los otros los atendían si se les daban las
ganas, eso era lo que denunciaba el único doctor iracundo y a los otros y al
ingeniero no les gustaba.

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