De pronto el dinero te convierte
en Honorio, en Honorato, en honorable, en honorífico, y de pronto el honor del
doctor se te sube a la cabeza y el humor del señor se te baja hasta los talones
y te vuelves un pelafustán, haciendo de juez de fiscal de oficial con derechos
sobre otros que por oposición se quedan con menos o con nada, convertido en un
mamarracho, un honorífico y honorable triste, detestable, despechado por tus
pares miserable codicioso, pero nuevamente el dinero de pronto te convierte en
lo opuesto aunque pises a tus prójimos te vuelves adorado justo generoso en los
aleluyas de los otros de esos otros a los que no les queda más remedio que
remedarte o remendarte en el peor de los casos, en esos días que te pones
exclusivo intrusivo abusivo, de pronto te crees que el cielo se compra con
miseria y el infierno por unos pesos extra y te adueñas de todo lo que puedes
hasta de las verdades relativas así sean la de los otros igual que las tuyas
las propias, y te haces llamar doctor o supremo como se te da la gana y te
llueven las propuestas esas que les faltan a los otros esos que en tus
categorías entran en las de pobres infelices, de pronto el dinero cambia tu
envase de prendas y de hábitos que tenías y terminas convencido que eres distintos
cuando en realidad tienes distinto de los otros lo que tienes aunque suene a
redundancia, que puede ser mucho o poco estar e n arcas o debajo de los
colchones de tus camas , de pronto de estar solo el dinero te convierte en
muchedumbres que te piden que te ruegan que te cuelgan si pueden para que
escarmientes aprendiendo que hay un mundo distinto al mundo mercantil del
insensible que navega por las nadas, de pronto te conviertes en personaje de
tus propias comedias porque evitas los dramas y con dinero se pueden alargar
los tiempos que sean, de pronto de señor pasas a doctor sin estaciones
intermedias con el dinero es un tránsito fácil, pero desde allá cuando llegas
donde llegas es difícil el transcurrir en reversa, es difícil que vuelvas del
doctor al señor, de pronto el dinero te pone todo en tus manos menos la mesura
de aprender a vivir como dios manda sin la peregrina idea, de abirrite en la
pereza de pegarte un tiro.

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